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A veces lo que sentimos no es tan evidente como parece. Las emociones se disfrazan, se mezclan y nos confunden: responde...
29/03/2026

A veces lo que sentimos no es tan evidente como parece. Las emociones se disfrazan, se mezclan y nos confunden: respondemos con enojo cuando en realidad estamos frustrados, buscamos la perfección cuando lo que aparece es miedo, nos exigimos de más cuando sentimos culpa.
Poner nombre a lo que nos pasa no solo ordena: también alivia. Nos permite actuar desde un lugar más consciente y menos automático.

Si sentís que tus emociones se están disfrazando y querés entenderlas mejor, podemos trabajarlo juntos. Si estás buscando iniciar una terapia, podés contactarme y te acompaño a identificar y gestionar lo que estás sintiendo.

27/03/2026

A veces una persona “tiene todo”: familia, pareja, estudio… y aun así se siente profundamente sola.
Porque no alcanza con estar rodeado de gente.
Lo que realmente necesitamos es sentirnos escuchados.

Hay soledades que no se ven.
Son esas que aparecen cuando intentás hablar y el otro está apurado, distraído, mirando el celular… o simplemente no sabe cómo escuchar.
Y de a poco, la persona deja de intentar.
Empieza a guardarse lo que le pasa.
Y lo que no se expresa… se acumula.

Desde la terapia cognitivo conductual sabemos que cuando alguien no encuentra espacios para validar lo que siente, es más probable que aumenten pensamientos como:
“a nadie le importa”,
“estoy solo”,
“no tiene sentido hablar”.
No siempre es falta de gente.
Muchas veces es falta de conexión real.

Y tampoco siempre el sistema de salud llega a tiempo.
A veces los turnos tardan, las respuestas son rápidas, o el malestar queda minimizado.
Por eso, este tipo de historias no hablan solo de una persona.
Hablan de algo más amplio: la importancia de escuchar, de frenar un minuto, de estar presentes de verdad.

Escuchar no es dar soluciones.
Es hacerle sentir al otro que lo que le pasa importa.
Y si sos vos el que se siente así, aunque hoy parezca difícil, buscar ayuda sigue siendo un paso importante.
Insistir también es parte del proceso.

Porque lo que te pasa… merece ser escuchado.
No bajes los brazos.
🫂

Créditos de este gran video

🧠 Mentoría clínica para psicólogos: de la teoría al consultorioEn la formación aprendemos conceptos, modelos y técnicas....
26/03/2026

🧠 Mentoría clínica para psicólogos: de la teoría al consultorio

En la formación aprendemos conceptos, modelos y técnicas.
Pero en el consultorio, muchas veces aparece otra realidad:

👉 “No sé bien qué decir en este momento”
👉 “Siento que me pierdo en el relato del paciente”
👉 “No estoy seguro de si estoy interviniendo bien”

Si te pasa esto, no es falta de formación.
Es la dificultad de traducir la teoría en práctica clínica real.

🎯 ¿Qué propone esta mentoría?
Un espacio para trabajar sobre tu práctica concreta y ayudarte a ganar seguridad y criterio clínico.

🛠️ ¿Cómo trabajamos?
✔ 5 encuentros individuales 100% online
✔ Análisis de situaciones clínicas
✔ Acompañamiento personalizado
✔ Guías y material práctico para el consultorio

💬 Es un espacio pensado para que puedas:
– Ordenar lo que escuchás en sesión
– Detectar patrones clínicos con mayor claridad
– Transformar conceptos de TCC en intervenciones concretas
– Sentirte más seguro al momento de intervenir

👩‍⚕️ ¿Para quién es?
Psicólogos o estudiantes avanzados que quieran acortar la distancia entre lo que saben y lo que hacen en sesión.

📩 Si querés más información, no dudes en contactarme

Lic. Johanna Sacalovich
Psicóloga TCC

26/03/2026

La culpa es una emoción que pesa. No siempre se ve desde afuera, pero por dentro puede ocupar mucho espacio. A veces aparece después de una decisión, de una palabra que dijimos, de algo que hicimos… o incluso de algo que ni siquiera pasó, pero que creemos que debería haber sido distinto. Y entonces empezamos a dar vueltas en la cabeza: “tendría que haber hecho otra cosa”, “cómo no me di cuenta”, “si hubiera actuado diferente…”.

El problema es que la culpa, cuando se vuelve excesiva, no ayuda a pensar: bloquea. En vez de acercarnos a una solución, nos deja atrapados en un bucle de reproches internos. La mente se queda mirando hacia atrás, revisando una y otra vez la misma escena, como si volver a pensarla mil veces pudiera cambiar lo que ya ocurrió.

Desde la psicología sabemos que las emociones tienen una función. La culpa, en su justa medida, puede ayudarnos a revisar conductas, reparar un daño o actuar de forma diferente la próxima vez. Pero cuando se transforma en castigo permanente, deja de ser útil. En vez de aprendizaje, aparece la parálisis. En vez de cambio, aparece la autocrítica constante.

Muchas personas viven con una sensación de culpa casi automática. Se culpan por poner límites, por decir que no, por priorizarse, por no cumplir con las expectativas de otros. Y en ese intento de no fallar, terminan desconectándose de lo que realmente necesitan o desean.

Tal vez el desafío no sea eliminar la culpa, sino aprender a mirarla con más perspectiva. Preguntarnos si realmente hicimos algo malo o si estamos midiendo nuestras acciones con una vara demasiado dura. Porque a veces la mente confunde “no ser perfectos” con “haber hecho algo imperdonable”.

Ser humanos implica equivocarnos, aprender y seguir adelante. Quedarnos atrapados en la culpa no cambia el pasado… pero sí puede robarnos mucha energía del presente. A veces, soltar un poco ese reproche interno es lo que nos permite volver a pensar con más claridad y avanzar.

Créditos

25/03/2026

¿En qué sentís que te aporta hacer terapia?

23/03/2026

El trastorno por atracón es uno de los trastornos de la conducta alimentaria más frecuentes, aunque muchas veces pasa desapercibido porque no siempre se ve desde afuera.

Se caracteriza por episodios en los que la persona come una cantidad de comida claramente mayor a la que la mayoría comería en el mismo tiempo y en circunstancias similares. Durante esos episodios aparece una sensación de pérdida de control: la persona siente que no puede parar o que no puede controlar cuánto está comiendo.

Los atracones suelen ocurrir rápido, muchas veces a solas y aun cuando no hay hambre física. Después es común que aparezcan emociones como culpa, vergüenza, frustración o tristeza. A diferencia de lo que ocurre en otros trastornos alimentarios, en el trastorno por atracón no hay conductas compensatorias regulares (como vómitos, uso de laxantes o ejercicio extremo).

Desde la psicología cognitivo-conductual entendemos que los atracones no son simplemente “falta de voluntad”. Suelen estar vinculados a varios factores que se combinan:

• restricción o dietas muy rígidas
• dificultad para regular emociones intensas
• uso de la comida como forma de aliviar malestar
• pensamientos muy críticos hacia el propio cuerpo o la propia conducta

Muchas veces se arma un círculo difícil de romper: restricción o autoexigencia → tensión emocional → atracón → culpa → más restricción o castigo.

El tratamiento más estudiado y con mayor evidencia científica para el trastorno por atracón es la terapia cognitivo conductual. El trabajo terapéutico apunta a regular los patrones de alimentación, identificar los disparadores emocionales de los atracones, cuestionar pensamientos rígidos sobre la comida y el cuerpo, y desarrollar formas más saludables de manejar el malestar.

Créditos y

22/03/2026

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20/03/2026

El Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) suele estar muy atravesado por el miedo. Muchas veces, por el miedo a que algo terrible pase: enfermarse, contagiar a alguien, provocar un accidente, o incluso morir o que muera alguien querido. Estos pensamientos aparecen de forma intrusiva, es decir, se meten en la mente sin que la persona los quiera pensar. Y cuanto más intenta sacárselos de encima, más vuelven.

Para intentar calmar esa angustia aparecen los rituales o compulsiones. Pueden ser conductas visibles, como lavarse las manos muchas veces, revisar puertas o electrodomésticos repetidamente, acomodar cosas de una manera exacta o repetir acciones hasta “sentir que quedó bien”. O pueden ser rituales mentales: rezar, repetir palabras, contar, revisar mentalmente situaciones una y otra vez. En el momento parecen traer alivio, pero ese alivio dura poco. Y sin darse cuenta, la persona queda atrapada en un círculo: pensamiento que asusta → ritual para calmarse → alivio momentáneo → el pensamiento vuelve.

Desde la Terapia Cognitivo Conductual sabemos que el tratamiento más eficaz para el TOC es trabajar justamente sobre ese círculo. El abordaje suele incluir psicoeducación para entender qué está pasando en la mente, y técnicas específicas como la exposición con prevención de respuesta. Esto significa aprender, de forma gradual y acompañada, a enfrentarse a aquello que genera miedo sin realizar el ritual. Con el tiempo, el cerebro aprende algo importante: que la ansiedad puede subir, pero también puede bajar sola, sin necesidad de compulsiones.

El TOC no es simplemente “ser muy ordenado” ni “ser muy detallista”. Es un trastorno que genera mucho sufrimiento, pero también es uno de los problemas psicológicos que mejor responde al tratamiento adecuado. Entender cómo funciona la mente en estos casos es el primer paso para empezar a desarmar el círculo.

Fuente

19/03/2026

La rumiación cognitiva es cuando la mente se queda enganchada a un mismo pensamiento una y otra vez: “¿y si dije algo mal?”, “¿por qué me pasa esto?”, “tendría que haber hecho otra cosa”.
No es pensar para resolver, es pensar sin llegar a ninguna solución.

El problema no es que aparezca (porque la mente lo hace de forma automática), sino que cuanto más la alimentamos, más se activa la emoción asociada… y ahí se empieza a sostener la ansiedad o el malestar.

La ansiedad no se mantiene tanto por lo que pasa afuera, sino por lo que repetimos por dentro.
Si tu cabeza gira siempre sobre lo mismo, tu cuerpo no puede relajarse.

Aprender a detectar cuándo estás rumiando y cortar ese circuito no es “dejar de pensar”, es empezar a pensar distinto.
Y eso ya baja bastante el volumen de la ansiedad.

18/03/2026

El TDAH no es solo “distraerse mucho”. Tampoco es falta de voluntad, ni vagancia, ni desinterés. Es una forma distinta en la que el cerebro regula la atención, la motivación y los impulsos.

Muchas personas con TDAH sienten que su cabeza está llena de ideas al mismo tiempo. Les cuesta empezar tareas que saben que tienen que hacer, se distraen con facilidad, postergan cosas importantes o les cuesta sostener la concentración durante mucho tiempo. No es que no quieran hacerlo. Es que muchas veces el cerebro no logra activar el “modo foco” cuando debería.

Por eso aparecen frases que escucharon mil veces: “organízate mejor”, “poné más voluntad”, “si quisieras podrías”. Pero la realidad es que el problema no está en las ganas, sino en cómo funciona el sistema de atención y motivación del cerebro.

También es común que haya una sensación de desorden mental: olvidos frecuentes, dificultad para planificar, empezar muchas cosas y terminar pocas, perder objetos o subestimar el tiempo que llevan las tareas. A veces se suma la impulsividad: hablar sin pensar, interrumpir o tomar decisiones rápidas que después generan problemas.

Todo esto, con el tiempo, puede generar frustración, culpa o la sensación de que “algo está mal conmigo”, sobre todo cuando la persona se compara con otros que parecen organizarse con más facilidad.

Pero entender lo que pasa cambia mucho las cosas. Cuando una persona comprende cómo funciona su mente, puede empezar a usar estrategias específicas para manejar la atención, organizarse mejor y reducir el impacto que el TDAH tiene en su vida cotidiana.

Y también es importante aclarar algo: tener algunos de estos rasgos no significa automáticamente tener TDAH. Muchas personas pueden sentirse identificadas con algunas de estas dificultades en ciertos momentos de la vida.

Por eso, si alguien se reconoce mucho en estas características y siente que afectan su trabajo, sus estudios o su vida diaria, lo más recomendable es consultar con un profesional para hacer una evaluación adecuada. Entender qué está pasando es siempre el primer paso para poder cambiarlo.

Créditos .patricio.ochoa

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