28/12/2025
Los santos inocentes, la información y el fundamento de la vida
Quiero acercar una reflexión sobre los santos inocentes, capítulo 2 del Evangelio de Mateo.
Jesús nace, y unos sabios de Oriente se enteran, ven su estrella, comienzan a seguirla, llegan a Jerusalén.
Piensan que llegaron y preguntan en dónde está el rey de los judíos que nació, que ellos quieren adorarlo. Son los primeros que quieren hacer esto.
El rey y la ciudad entera se turban: el rey es Herodes, ¿se avecina una guerra civil?
Herodes, entonces, convoca a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley para preguntarles en dónde nacería el Mesías (el Cristo, en griego). La respuesta de estos es, siguiendo a los profetas, en Belén (cuatro veces mencionará Mateo el cumplimiento de la palabra de los profetas en este capítulo).
Luego Herodes en secreto, tal vez porque no quiere que el pueblo se entere y busque otro rey que no sea él, se informa por medio de los sabios acerca de cuánto hace que vienen siguiendo esa estrella. Les pide que cuando encuentren al niño le avisen, así también él va a adorarlo.
Los sabios siguen su camino, que es seguir hacia donde la estrella los guía, la que finalmente se detiene allí donde está el niño.
Lo ven a este con su madre y se postran y lo adoran, y le presentan dones: oro, incienso y mirra.
Y advertidos por medio de sueños de que no vuelvan con Herodes a darle información más precisa, se volvieron a su lugar por otro camino.
Y también por sueños se le advierte a José que escape de allí hacia Egipto, y de noche mismo partió hacia allá.
Herodes al darse cuenta de que los sabios se habían dado cuenta de sus verdaderas intenciones, se enfureció y mandó matar a todos los niños menores de dos años.
Finalmente, Herodes murió. En sueños se le vuelve a avisar a José que vuelva a Israel, y ya de regreso, prefirió ir hacia el norte, a Galilea, a Nazaret, porque el hijo de Herodes era quien reinaba.
Los sabios, gentiles, guiados por la estrella, llegaron a Jerusalén y preguntan. Su pregunta causa un revuelo.
Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley, preguntados por Herodes, responden y dan la información de donde nacería el Mesías.
Los sabios responden a la pregunta acerca de cuándo con exactitud el Mesías habría nacido.
Herodes usa esta información para tratar de asesinar al Cristo.
Los niños y las madres y los padres de esos niños sufren la muerte, unos, la terrible pérdida, los otros, debido a toda esta información que circuló entre los sabios, Herodes, los sacerdotes y los maestros de la ley.
Información dada con honestidad, con transparencia, con buena intención por unos y otros.
Información recabada con malas intenciones.
Acciones realizadas y sufridas a partir de la información recabada con malas intenciones, engañosamente; malvadamente.
Esa información terminó derivando en muerte y dolor.
Buenas intenciones y buenas acciones, que malvados utilizan para el mal.
Y gente inocente (¡niños, padres, madres!) son víctimas de esa información que comenzó a circular honestamente, y que algunos utilizaron para el mal.
Y Dios el Creador, no deja de ser fiel, de amar a quienes lo respetan y buscan seguir sus caminos, y muestra su amor, su bondad y el logro de sus buenas intenciones y planes, aun cuando eventualmente se pueda padecer debido a la información que malas personas utilizan para el mal.
Lo que me hace pensar que el fundamento y el sentido de la vida puestos solo en este tiempo que nos toca vivir aquí y ahora, terminan en la frustración y en la desesperación, o en la resignación, o el nihilismo, si no se tiene en cuenta el fundamento trascendente que la vida tiene en Dios, nuestro Creador, nuestro Padre y Madre bueno, que llevará a cabo sus buenas intenciones con nosotros de llevarnos hacia su plenitud.
“Yo sé que mi Redentor vive
y que al final se levantará sobre el polvo.
Y, cuando mi piel haya sido destruida,
todavía veré a Dios con mis propios ojos.
Yo mismo lo veré con mis propios ojos;
yo lo veré, no otro.
¡Este anhelo me consume las entrañas!” Libro de Job, 19.25-27