10/06/2020
Jesica y Munay
Qué desafiante escribir el relato del de Munay. Si bien en tiempo y espacio los hechos fueron unos, lo siento como un relato vivo, que va mutando con el paso de los días... en sensaciones, recuerdos, pensamientos. Este relato empieza a 28 días de su llegada. El sábado anterior fuimos con Andy al grupo de parejas en Conde. Escuchamos el relato del nacimiento de Eva Luna con el cual nos sentimos muy interpelados. Salimos creyendo que sería ya y que la llegada de Munay sería similar a esa. Quedamos en un estado muy especial... Lola quería parto en casa, su compañero abogado no, lo decidirían en el momento, estaban tranquilos, la sensibilidad, el humor, comentarios, me hicieron verme allí, más cerca del momento. Nos mirábamos con Andy, cómplices. Ese sábado pasó, nos encontró amándonos mucho, despidiéndonos de una etapa y abriéndonos a otra. El naranjo de nuestro patio, venía compartiendo unos grandes y perfumados pimpollos de azahares que, según creíamos, cuando florecieran sería el día. Ya casi todas las flores estaban abiertas. El martes a la madrugada empiezo a perder el , que luego de oír tantos relatos, sabíamos que no quería decir que sea ya, pero sí que algo de movimiento había. Seguimos tranquilos aunque sin haber dormido mucho. Aprovechando el paro general, Andy se quedó trabajando en casa por si había nuevos movimientos, pero no los hubo. El miércoles decidimos que vaya a trabajar porque podía no haber novedades. Empiezo mi día con mucha alegría, había dormido muy bien y me sentía conectada conmigo, con ganas de disfrutar de estar sola (o con Munay en la panza). Así que agarré cuadernos, colores y me puse a dibujar, con música de fondo y un rico sahumerio. En un momento salgo al balcón a disfrutar de la cantidad de flores que la primavera había creado en nuestras plantas, le saqué foto a todas, sólo faltaba que yo me abra, florezca para dar luz a Munay. Al compás de la música que elegimos para ella, me pongo a bailar frente a un espejo que tenemos en el balcón, me siento vital, hermosa, feliz, la siento a ella bailar conmigo, cada vez más cerca, disfruto de ver mi panza enorme. Y en un momento, cuando suena “Inseparables” de Pablo Alborán y Zaz, siento que entre mis piernas se escurre un líquido, algo más líquido que lo que venía saliendo. Sonrío y sigo tranquila, sabía que romper bolsa no significaba urgencia. Llamo a Andy... “estoy en un juzgado ¿es urgente o te puedo llamar en un minuto?”. “Podés llamarme en un minuto”, le respondo. Cuando me llama, le cuento que estoy rompiendo bolsa. “¡Eso sí cataloga como urgente, ya voy para allá!”. Le digo que tranqui, que las contracciones siguen sin ser dolorosas, así que no hay apuro. Yo había quedado con mi vieja que vendría a hacerme compañía un rato “¿le digo que no venga, no?”, no queríamos que la familia sepa que había algo de movimiento para evitar lidiar con más ansiedad de la que ya tenían. Les habíamos dicho que avisaríamos cuando nazca. Así que mejor que no venga. Igual decido llamar a Ale primero para contarle. Me preguntaba que cómo era el líquido, de qué color, si fue todo de una o va cayendo. Que es transparente, que va cayendo pero que la toallita de tela que usaba para el tapón ya no contiene. “Bueno, ponete de los apósitos que te mandamos a comprar en la lista y vamos viendo”. Entro del patio para hacer eso y escucho puerta... mi vieja. “¿Cómo estás? Me pregunta. Mientras me apuro al baño porque esto chorreando... “rompiendo bolsa en este momento”, le digo. “¿Qué hago, qué hago?”, me dice. “Tranqui, falta todavía, tráeme una bombacha del 1er cajón que la que tengo está empapada”. Ya que estaba en casa, se quedó hasta que llegue Andy. Andy, abogado, algo estructurado, super ubicado en el centro y cómo viajar, eligió el subte como forma más rápida de llegar, pero con los nervios lo tomó para el lado contrario. De Tribunales a 9 de Julio. Decidió salir a la superficie, y como de película, paró un taxi y le dijo “lléveme a mi casa”, a dónde dice el taxista, “a Saavedra... arranque y yo le digo”. Cuando llegó a casa, mi vieja se fue y compartimos tranquilos el día, porque las eran aún sin dolor. Recién a las 4:30 am, horario en el que me desvelaba durante el , comencé a sentir contracciones más fuertes. Le digo a Andy que, con mucha calma, las comienza a registrar. Esa calma la sentí todo el tiempo, y era para mí una gran compañía. Él confiaba en lo que sucedía. Esas contracciones eran irregulares, por lo que supimos que todavía no eran “las de verdad”, y a las 8 am se fueron. Me preocupé... en mi cabeza una vez que empezaban, iban in crescendo hasta . La llamamos a Ale quien, durante 10 minutos, nos explica que es normal, que es lo más normal, es un trabajo de pre-parto. Las contracciones son irregulares, y vienen y se van. Yo seguía preocupada, hasta que después de un rato entendí y me calmé. Desayunamos tranquilos y nos pusimos a jugar al “tabú” en el sillón. A las 12.30hs volvieron, ahora sí regulares y dolorosas. Las clasificábamos en una aplicación del celular como suave, medio y fuerte. Con el paso del tiempo esa clasificación dejó de servir porque la que era fuerte, terminaba siendo suave. A la primera hora fueron 10 contracciones, sabíamos que teníamos que llegar a 14 para que empiece el trabajo de parto. Igual le avisamos a Ale. Nos dijo que contemos una hora más y le avisemos. Pensamos que esa hora sería eterna, pero las horas pasaban rápido. Almorzamos, fueron 11 la siguiente hora, y así hasta las 16.30hs. Ahí hubo un quiebre. Las contracciones empezaban cada 2 minutos y eran realmente dolorosas. No las podía atravesar haciendo otra cosa, era vivir eso. Parecía que faltaba poco, “esto es de verdad, ya viene” pensé. Andy la llamó a Ale diciendo que algo cambió, que yo parecía un animal en cuatro patas al borde de la cama, gritando. Más allá de la intensidad, yo seguía bastante conectada con el exterior. En 15/20 minutos llegó Ale, le sentía parte de mi familia, pero no entendía por qué estaba aquí. Quizá algo en mí sabía que faltaba largo rato. A los minutos de su llegada vomité todo el almuerzo, lo cual fue liberador. Me hizo un , no me dolió. Dijo que el cuello se había borrado y que estaba de 2cm de . Como la dilatación había empezado, podía darme un baño de inmersión. El baño duró unos 40 minutos y estaba muy caliente. Por momentos conectaba con que estaba sola, que Ale y Andy estaban charlando en el living. Al salir sentía mis brazos y piernas totalmente débiles. Me acosté en la cama sin fuerzas. Sólo que las contracciones seguían y dolía. No tenía fuerzas para atravesarlas. Ale me tocó la panza. Me dice que ya no está tan dura y que para dilatar tienen que ser bien fuertes las contracciones. Yo no aguantaba más. 2 horas después del anterior tacto, me hace otro. Seguíamos en 2cm sólo que el cuello estaba más blanco. No sé qué implicaba lo del cuello, pero seguíamos en 2. Las últimas horas de dolor y agote no sumaron en nada, y yo no tenía fuerzas para seguir. Me sentía frustrada, triste, angustiada, ese momento fue durísimo. No confiaba en mi cuerpo, creí que no iba a poder parir. Sabíamos que Munay estaba bien por los monitoreos de su corazón y por las patadotas que sentía en mis costillas. En ese momento, cerca de las 19hs, llegó Carlos. Imaginé que Ale lo llamó por lo que percibía de la situación. Incluso antes del tacto, y que tendríamos que definir cómo seguir. Ese fue un momento bisagra... Teníamos que decidir qué hacer, y yo sentía que no aguantaba ni una contracción más. Sin fuerzas ni confianza. Las opciones eran seguir en casa por no sabíamos cuántas horas porque Munay estaba bien, ir a la clínica para intentar parir, con o sin , o . Todo me parecía tremendo porque suponía que faltaba, pero internamente pensé que no habría que ir a la clínica porque me daba tranquilidad saber que había otras opciones para ayudar a Munay a legar y que no dependía sólo de mí. En ese momento no confiaba. Andy dijo que vayamos, ya que muchas horas no aguantaría(mos) y que por cualquier intervención tendríamos que ir. Prepararon todo, y 19.30hs salimos. Carlos en su auto y Andy, Ale y yo en el nuestro. Mientras Ale y Andy acomodaban todo, yo esperaba en la puerta del edificio, mojándome con la lluvia, y ya sentí que algo había cambiado. Hasta ahí mi relato sentí que sería “negativo”, que el nacimiento de Munay no sería algo “lindo de contar”. Más ahí sentí que algo cambió, ya el aire fresco de lluvia me refrescó. Me senté en el auto y Ale me dijo: “sentate sobre tus isquiones y, con cada contracción, vas a vocalizar e intencionar abrir”. Eso hice, me desplomé en el asiento y empezó “mi viaje”. Sentía que al lado mío iban Munay y Taisha, y ya con las primeras contracciones sentí que mi cuerpo “entendió” lo que tenía que hacer, o conecté con la que ya tenía. De hecho sentí que no era la primera vez que paría. Así que durante todo el viaje, unos 45 minutos por calles empedradas, miles de vías de tren, pozos, lomas de b***o, pasé las contracciones vocalizando, gritando, mientras Andy y Ale desde adelante acompañaban gritando “abre, abre, abre, abre”. Cada tanto reconectaba y tiraba un comentario “racional”, dije dónde vivía Gaby Segade, qué hacíamos en el refugio, que si encontraríamos anestesista, pero las conversaciones no las escuché. Llegamos a la clínica Santa Isabel y, mientras Andy estacionaba, yo le dije a Ale que algo había cambiado, que me sentía con energía y que mi cuerpo se estaba abriendo. En los pasillos de la guardia y de , pasé contracciones en cuclillas y vocalizando, vomité en un tachito, seguía en mi mundo. Llegaron Andy, Carlos y Coti. Qué alegría ver a Coti con una sonrisa y la energía de la ronda de panzas. Entramos a la habitación y, tras algunas contracciones, reconecto y digo a Carlos que necesito saber cómo seguía. Yo sentía que había dilatado, pero quería saber si mi percepción era correcta. Me subí a la cama y las contracciones transcurrieron en varias posiciones hasta que me tactan. Entreabro los ojos y veo un pulgar para arriba y me dicen “bien Jesi, bien, seguí, vos seguí”. Era todo lo que quería escuchar, así que seguí. Después me enteré que ese pulgar era el 1 del 6 de dilatación que tenía, pero en el momento no me importaba el número. Al rato sentí necesidad de pujar y le digo a Ale. Creo que me tacta de nuevo y me dice que queda un mínimo por despegar, pero que podríamos ir a la sala de partos. Hacía rato que ya no pensaba en el nacimiento, sólo en el presente de lo que vivía, lo que estaba atravesando. Al salir para la habitación, me esperaba un chico de la clínica con una silla de ruedas. Le digo que prefería no usarla, que podía caminar. Me dice que me tiene que cubrir, yo ni sabía que estaba desnuda. Al llegar, el equipo y Andy se van a cambiar. A mí me ponen un gorrito, ropa y algo en los pies que me s**o al entrar a la sala de partos. La enfermera me dice que me suba a la camilla. “Tengo que parir ahí?”, le pregunto. “Igual ahora te subo el respaldo”, me responde. Era muy alta y angosta, hasta tenía escalerita para subir. No pasa nada de tiempo y me agarra una contracción, así que bajo en cuclillas y de ahí no me levanté por rato. Entraron Andy, Carlos y Coti. Me comentaron que apagaron las luces, que Coti se tiró cuerpo a tierra debajo de la camilla con su celular en la mano alumbrándome, Carlos andaba caminando dando algunas indicaciones, Ale monitoreaba a Munay y Andy me sostenía de atrás sentado en un banquito. Andy me sostuvo todo el tiempo, me transmitió confianza y tranquilidad, aún cuando él no la sentía. La fuerza ahora tenía que ir a la cola “cola, cola, cola” gritaban, y entre contracciones me echaba sobre Andy. “Ahora entre contracciones te vas a parar y mover la cadera”, dijo Ale. Eso hice con ayuda de Andy. Cada indicación a escuchaba, la podía hacer cuerpo, mi cuerpo sabía qué hacer, sólo me lo recordaban. En un momento siento que Munay atraviesa mi cadera, “se me abre la cola”, digo. Después Andy me contó que él, desde atrás vió “cachete...ano...cachete” separados. Coti me dice que ahora la cabecita de Munay estaba en mi sacro, y me indicó que ponga mi mano en mi cola para sentirla, y que, con la próxima contracción lleve con mi mano, la cabeza de Munay a mi va**na, así como con la fuerza del pujo. Eso hice, sentí su cabecita en mi mano. Pensé que entonces podría sentirla al salir por la va**na, pero una vez que empezó a salir “arde, arde, arde!”, empecé a gritar, “me quema!”. En varios relatos había escuchado que cuando la cabeza pasa por la va**na, arde... pero nunca imaginé tanto ardor. Carlos me dice “usá ese ardor para traer a Munay”. Y sí... sabía que era el último esfuerzo, que si salía la cabeza, el cuerpo sal solito. Creo que fueron 4 o 5 pujos para que salga su cabecita, yo estaba más volada que nunca. Le pregunté a Andy si la veía, me dijo que sí. Yo no podía abrir los ojos. Estaba llegando, faltaban instantes para tener ese hermoso ser en nuestros brazos. Sale su cabecita y Carlos le dice a Andy, “pase lo que pase levantala a Jesi”. Supongo que al estar en cuclillas el cuerpito necesitaba lugar para salir. Yo hacía fuerza hacia abajo y la transpiración hacía que nos resbalemos, pero me levantó y salió. Coti la garró y la puso en mi pecho. La recibimos Andy y yo parados, abrazados, aún unidas por el cordón. De repente estoy en la camilla, con Munay en mi pecho, prendida a la teta, succionando su primer sorbo de calostro y mi hermoso compañero a mi lado, emocionado, agradeciéndome por haber traído su hija al mundo, y yo le pregunto “¿es linda?, ¡no la veo!”, aún seguí en el viaje. Andy pide cortar el cordón una vez que dejó de latir y lo hace. Es tan hermoso ser compañeros, fuente de calma, amor, placer, belleza, me siento tan agradecida que nos hayamos encontrado, elegido y creado esa hermosa vida. Andy y Munay se van con el neonatólogo que apareció una vez que la beba salió. Y nos quedamos con Ale, Carlos y Coti para seguir con el parto. Carlos me avisa que me haría unos masajes para ayudar a que salga la placenta. Yo no quería que me toquen, mi cuerpo estaba muy sensible, no entendía nada... sale la placenta y me da placer, me aprietan el vientre para que salga la sangre (la siento salir a chorros), y ayudar a que el útero se contraiga y vuelva a su lugar. No fue agradable, ja!. Ale me dice que tiene que mirar si me desgarré. Acerca sus dedos con cuidado y suavidad, e igual sssssss.... no quería que me toque ahí, mega sensible. Me dice que estoy perfecta, que no hay que dar ni un punto, sólo hay un raspón que se va solito. Qué alegría! Me dijo que fue porque la cabeza tardó en salir, así que fue suavemente abriendo. Volvió Andy y Coti nos mostró la placenta “este lado lo veía ella en la panza, acá quedó un pedacito de la bolsa, miren qué hermosa, tiene forma de corazón y está joven”. Nos fuimos los 6 a la habitación y, mientras Munay tomaba la teta, fuimos reconstruyendo el relato, volviendo un poco a tierra, a encontrarnos de a 3. Ahí nos enteramos de cosas que no supimos, sobre todo yo. Momento de compartir, de celebración, de reconocimiento. En todo momento me sentí en casa, en familia. Gracias a como nos entregamos al proceso, a habernos encontrado con estas 3 grandes personas, amorosas, comprometidas, profesionales, sensibles, agradecimiento infinito. Definitivamente me sentí respetada, escuchada, acompañada, lo mismo hacia Andy y Munay. Qué mágico todo. El cuerpo sí sabe, yo sí supe, y somos en sociedad, y ahí estábamos los que teníamos que estar para presenciar, poner el cuerpo y amor a tu llegada, hija. Sabio y pequeño ser, grande, nuevo y antiguo, ojos con profunda mirada que da la tranquilidad que todo va bien. Buena vida amada Munay.