12/08/2017
¿Qué es el trauma y cómo se lo identifica?
Existen varias señales que indican un trauma emocional. Una buena indicación de la existencia de un trauma es la impresión de que la experiencia pasada insiste en permanecer en el presente. Basta que la persona se acuerde del evento perturbador, aunque uno no lo quiere, para que una emoción marcante, pensamientos negativos y/o imágenes nítidas se intensifiquen. El asunto se rehúsa a volver pasado.
Además de la experiencia traumática, otros síntomas típicos son: Re-experiencia del trauma por medio de recuerdos involuntarios, pesadillas o reacciones desproporcionadas frente a pequeñas cosas que le hagan recordar el evento; llanto fácil e inmotivado.
Evitación persistente de pensamientos, diálogos, sentimientos, lugares, personas o situaciones que hagan recordar el evento; la falta de capacidad para recordar los detalles importantes del mismo; distanciamiento emocional y social de personas subjetivamente significativas; sensación de un futuro abreviado; y/o dificultad para dormir o mantenerse dormido, irritabilidad o explosiones de furia, dificultad de concentración, hiper-vigilancia constante y el estar a la alerta de una amenaza real o imaginaria; trastornos alimentarios inexplicados; sobresaltos ante estímulos neutros mínimos.
¿Qué ocurre en el cerebro?
Estudios realizados con la ayuda de tomografías de alta precisión sugieren que la experiencia traumática es tan fuerte que altera el funcionamiento cerebral. Cuando el cerebro es sometido al estrés crónico, el individuo pierde en calidad de vida. Por esto la importancia de buscar ayuda.
¿Qué pasa con la memoria en situación de trauma?
La memoria traumática es diferente de la memoria común. Al ser cuestionado sobre el menú del almuerzo del jueves de la semana pasada, un individuo responderá: “no tengo la menor idea!”. En este caso, la memoria se dispersó en el pasado. En cambio, la memoria del trauma guarda detalles visuales, a veces auditivos, a veces físicos, a veces emocionales, como si hubiesen ocurrido hace poco tiempo. La memoria se queda, registrada y congelada en el cerebro, principalmente en el hemisferio derecho, el gran responsable por administrar nuestras emociones. Por otro lado, las herramientas que nos permiten asignar nuevo significado a la experiencia y dejarla en el pasado se encuentran en el hemisferio izquierdo, responsable por nuestra objetividad y racionalidad sin poder establecerse el trabajo conjunto entre ambos hemisferios, por lo que la info queda sin procesar y devienen los síntomas.