14/12/2025
Hace poco recordé un primer encuentro en 2017, donde hablé de mi trabajo sin saber qué era la educación somática, pero feliz de ser convocada por compañeras que admiro.
Desde muy chiquita hice “cosas con el cuerpo”, aunque al crecer me alejé de la danza como juego y me sometí a prácticas que me lastimaron y moldearon “cómo debía ser”.
Mi reconexión con lo corporal desde el deseo tuvo un retorno paradójico de la mano (que le solté) a la academia. Por eso digo que soy politóloga de formación y psicodramatista por deformación.
Trabajando en distintos dispositivos y con diferentes funciones, aprendí que los límites entre lo educativo, lo terapéutico, lo creativo y lo expresivo no eran tan rígidos.
El exceso de palabras sin cuerpo me llevó a recorrer otros mundos, buscando entender por qué no me alcanzaba lo que hacía. En ese camino estudié un montón de cosas, con y sin diplomas: práctica y filosofía del yoga, teatro, psicodrama, autodefensa, psicología, chamanismo, antropología corporal, bioenergética… Estos y otros saberes fueron armando las piezas de mi abre-cabezas.
Me preocupan especialmente los encuadres éticos y los sesgos de clase de los paradigmas “new age”. Creo que el placer y el bienestar deberían ser derechos universales tanto como la alimentación y el abrigo. Me niego a vender espejitos de colores, pero entiendo la angustia que genera que los procesos lleven tiempo. Creo que lo lento no quita lo mágico, sino más bien lo alimenta; y desconfío de las recetas para ser felices que circulan en las redes.
Mi principal terreno de exploración sigue siendo mi propio cuerpo, donde busco inventar contra-pedagogías. Conmigo ensayo modos de ser (mujer, hermana, profesional, compañera, bailarina y todo lo que se me ocurra) que me alegren, expanden y florezcan.
No siempre me sale, pero amo el tiempo de los intentos.
Estos devenires no son caminos lineales. No vienen con manuales de instrucciones ni guiones escritos por otros. Se hacen al andar y sin permiso, en los abismos que alumbran las grietas de los callejones sin salida.
Desde la Clínica Ampliada acompaño a otras personas que, al igual que yo y sin entender del todo, buscan crear otras versiones de sí mismas