27/12/2025
AUTISMO EN LA ADOLESCENCIA: EL MUNDO ESTÁ EN DEUDA CONTIGO.
Pareciera que al llegar a tu adolescencia y al inicio de tu juventud, tuvieras una deuda con el mundo. Como si esperaran de ti los resultados luego de tanta terapia, intervención, medicación, estructuración de un entorno a tu medida, dinero invertido.
A ningún adolescente se le exige tanto como a ti estando dentro del espectro autista. Y, para completar, la intervención disminuye en horas y calidad, si no es que incluso puede llegar a ser nula. Ya no eres un niño, pero igual necesitas más ayuda que nunca y el mundo olvidó eso. O prefirió ignorarlo.
Es en la adolescencia cuando te comparas con otros chicos. Las herramientas de la infancia ya no sirven, este es el mundo real. Ya emparejaste, aprendiste los colores, reconoces las emociones en las fichas y recuerdas todos los pictogramas. Pero todo eso se derrumba cuando la realidad es un brutal escenario sin mapa y sin guía.
Te sientes desanimado, apático, enojado, no puedes levantarte en las mañanas porque no puedes tampoco dormir en las noches, comes muy poco, comes demasiado, pasas horas frente a una pantalla, el único lugar donde puedes encajar.
Pero, ¿Quién ve eso? Incluso, percibes el desgaste de las personas que han estado todo este tiempo a tu lado y que, aunque sabes cuánto amor hay en ellos, sabes también que están exhaustos.
Sientes la desesperante presión social:
"Puedes hablar, entonces ¿Cómo no puedes tener una conversación?
"Es que saliste de la escuela, ya deberías haber conseguido un trabajo; ¿Por qué no duras en los empleos? ¿Por qué sigues comportándote como un niño?
¡Crece! ¡Sé como los demás! Deja de ser tan autista, que si lo intentaras no se te notaría.
Y la peor: "es que eres flojo, perezoso. Si te esforzaras más y dejaras de pensar en tonterías", "lo que necesitas es salir y empezar a conocer gente, así serías más normal".
El entorno es un detonante. No sabes dónde empezar a buscar empleo, no sabes del todo para qué eres bueno, difícil tener un grupo de amigos, eres raro y sabes que la sociedad es implacable con los raritos. Es como si al terminar la escuela tu camino de vida se hubiese detenido a la espera de no sabes