22/12/2025
🌿 En el yoga, todo comienza cuando dejamos de aferrarnos. El sufrimiento no nace de lo que ocurre, sino de la resistencia interna a aceptar el cambio. El cuerpo lo sabe: ninguna postura se sostiene para siempre, ningún esfuerzo es permanente. Aprendemos a respirar dentro de la incomodidad, no para huir de ella, sino para permitir que se transforme. Así también funciona la vida.
🧘♀️ La práctica nos entrena para habitar el presente sin miedo. Inhalamos sabiendo que la exhalación llegará, y exhalamos confiando en que el aire volverá. Este ritmo constante nos recuerda que todo es tránsito. Cuando la mente quiere controlar, el yoga nos invita a soltar. Cuando el ego se aferra, la respiración lo suaviza.
🌊 Desde esta mirada, el cambio no es una amenaza, es ley natural. Así como el cuerpo se adapta con cada sesión, el alma se expande con cada experiencia. Hay etapas de fuerza y otras de descanso, momentos de expansión y otros de silencio. Resistir ese flujo genera tensión; fluir con él genera sabiduría.
🕊️ El yoga no busca que todo sea agradable, busca que todo sea consciente. Permanecer presentes incluso cuando algo termina es un acto profundo de amor propio. No huimos de la pérdida ni nos apegamos al placer; aprendemos a observarlos con la misma serenidad. En esa neutralidad nace la paz.
🙏 Cuando integramos esta visión, la vida deja de ser una lucha. Entendemos que cada instante cumple su función exacta y que nada necesita ser forzado. El desapego no es indiferencia, es confianza. Confianza en que la experiencia, tal como llega, está alineada con nuestro crecimiento interior.
✨ El yoga nos recuerda que vivir es un acto de equilibrio constante. Nada se queda, nada se pierde; todo se transforma. Y cuando aceptamos esa verdad desde el cuerpo, la respiración y la conciencia, el miedo se disuelve y aparece algo más profundo: una calma estable que no depende de las circunstancias.