06/01/2025
II. El Cielo y la Tierra poseen una grandísima belleza, mas nunca hablan de ella.
Obedecen las cuatro estaciones a una brillante ley, mas nunca debaten acerca de ella. Fórmanse todos los seres conforme a una razón, mas nada dicen sobre ella. El sabio se remonta al origen de la gran belleza del Cielo y de la Tierra, y comprende la razón de todos los seres. Por eso el hombre perfecto no actúa, ni obran los grandes sabios: quiere decir que toman por dechado al Cielo y a la Tierra.
Unidos a éstos (al Cielo y la Tierra), son divina luminosidad y esencia suprema; unidos a aquéllos (a los seres) participan de sus cien mudanzas. Del millón de seres, unos nacen, otros mueren, los unos redondos, los otros cuadrados, y nadie conoce su raíz. Florecen los millones de seres, que existen desde la más remota antigüedad. Inmenso es el espacio entre los seis puntos cardinales, pero no sobrepasa los límites (del Tao). Diminuto es el pelo otoñal, mas de él depende cuando se forma.
Nada hay en el mundo a lo que no se vea hundirse y flotar, flotar y hundirse; nada que en toda su existencia permanezca fijo y estable. El Yin y el Yang, las cuatro estaciones, se alternan observando cada una el orden que les toca. (El Tao), oscuro,
existe como si no existiera; lleno de vida, es fuerza espiritual sin forma. Alimenta a todos los seres, sin que reparen en ello.
Se le nombra raíz primera; y quien conoce esto puede observar el Cielo.