26/05/2026
Me emocionó mucho que compartieran en sus historias lo que escribí sobre la experiencia de “El Sueño de los Elefantes”. Después intercambiamos algunas palabras, y mientras hablábamos entendí algo más profundo todavía sobre lo que había sentido ahí dentro.
Mientras transitaba esa nostalgia de una costa lejana, sentí que no era únicamente un recuerdo imaginario o ancestral. Era la sensación de despedida. Como si una parte de mí estuviera mirando hacia atrás por última vez, agradeciendo lo vivido… pero entendiendo que ya no puede quedarse ahí.
Creo que muchas veces la vida nos lleva a despedirnos. No solamente de personas. También de versiones nuestras, de hábitos que pesan, de emociones o heridas que cumplieron su ciclo.
De vínculos, formas de pensar, maneras de decir, pararse, o sostener lo insostenible.
Obviamente que despedirse duele, porque incluso lo que nos hacía mal alguna vez también nos salvó o fue refugio.
Por eso me conmovió tanto la experiencia. Porque después de la turbulencia, la incertidumbre, el miedo, apareció algo muy claro… la libertad. Mi cuerpo quería correr, bailar, reír. Como si el alma dijera “ahora sí, más liviana”, “libre”.
Y por eso en el camino vamos entendiendo que sanar no siempre es agregar cosas nuevas.
A veces es animarse a soltar, con el miedo incluído.
Si alguna vez tienen la oportunidad de vivir la experiencia inmersiva de “El Sueño de los Elefantes" en su ciudad o país, háganlo.
No se trata solamente de una obra.
A veces, sin buscarlo, uno entra y termina encontrándose a sí mismo. Gracias, Gabriela 🍀