05/10/2024
Estas son las cuatro diferentes distinciones del signo del alma
Cualquiera de este grupo al que perteneces te otorga su poder, y se da tu personaldiad y los rasgos de tu caracter.
Una persona nacida bajo la influencia del Fuego es alguien que actúa movido instintivamente por la pasión, por la emoción, en ocasiones hasta el punto de no ser capaz de frenar esos momentos intensos de pasión y ardor por mucho que lo intente. Esperar que se comporte de un modo diferente sería como intentar encauzar el curso de un volcán en erupción. Eso es más que imposible.
Una persona nacida bajo la influencia de la Tierra es alguien que instintivamente se ve empujado por una necesidad de planear, idear y dirigir, y que no será, de hecho no podrá, ser otra cosa que firme e inamovible una vez haya tomado una decisión. Esperar que se comporte de otro modo sería como esperar que una montaña se reduzca a polvo delante de tus ojos. No
Una persona nacida bajo la influencia del Aire es alguien que instintivamente se ve empujado por un flujo de energía más pasivo y tranquilo y que no será capaz o no querrá imponer su autoridad sobre los demás, puesto que generalmente se trata de una persona extremadamente afable. Esperar que alguien cuyo signo del alma pertenece al grupo del aire sea diferente, sería como esperar que el viento obedezca tus órdenes: un hecho más que extraordinario.
Una persona nacida bajo la influencia del Agua es alguien que instintivamente se ve empujado por una necesidad de evaluar y buscar el acuerdo, que apenas podrá hacer otra cosa que no sea dejarse llevar por la marea. Intentar forzarla a comportarse de otro modo será como plantarse en medio de un río e intentar cambiar su cauce. No funcionara.
Existe otro grupo de energía, otra fuerza de la naturaleza que impulsa a algunos de nosotros. Esta fuerza es distinta de las anteriores. La energía del Azufre es oscura y desagradable; una persona nacida bajo la influencia del azufre es alguien que instintivamente se deja llevar por la maldad; una persona que no estará dipuesta o no podrá ser más que oscura. Desear el amor o la compasión de una persona nacida como alma oscura, sería como esperar que la medicina más horrible y maloliente resultase tan dulce como un nectar. Nunca sucederá.
Cada uno de nosotros goza de la capacidad de expandir su energía, de desarrollarla y utilizarla de múltiples formas. Lo que no podemos cambiar es el tipo de energía que somos. Cambiarlo es imposible; sería como intentar transformar un pastel de chocolate en una tarta de fresa. Los ingredientes que componen el alma, la fuente de su poder, siempre serán los mismos.
Sin embargo, la forma o configuración del alma varía dependiente de tus necesidades. Puede ser tan grande como el cuerpo humano que la alberga o tan pequeña como su más diminuto nervio. En algunos momentos, nuestras almas se comunican entre sí. En ocasiones somos conscientes de que eso ocurre, como cuando sentimos una conexión intantánea con alguien. Este sentimiento, negativo o positivo, es algo que percibimos de un modo instintivo. Otras veces puede que no seamos conscientes de dicha conexión pese a que exista.
De algun modo, nuestra alma posee ojos y oidos; ve, escucha, presta atención a sus experiencias. Somos nosotros, los mortales, distraídos por los aspectos materiales y mundanos, los que necesitamos estar más atentos a la energía de nuestra alma. El alma determina todo lo que podemos ser, pero nosotros, los mortales, elegimos en gran medida en qué nos convertimos.
Aprendiendo acerca de nuestro grupo de energía elemental y nuestro signo específico del alma, nuestra alma, podemos descubrir y alcanzar nuestro destino más alto.