19/03/2026
Practicar yoga no nos convierte en yoguis.
Hoy la palabra yoga aparece en todas partes:
en estudios, en redes sociales, en retiros, en formaciones.
Y con eso, a veces también aparece una nueva identidad:
“soy yogui”.
Pero en la tradición, ser yogui nunca fue una etiqueta.
No se definía por la flexibilidad,
por la ropa que usas,
por los seguidores que tienes,
ni siquiera por cuántas posturas puedes hacer.
Un yogui es alguien comprometido con la observación sincera de sí mismo.
Alguien dispuesto a sentarse con su incomodidad.
A mirar sus patrones.
A reconocer su ego sin maquillarlo con lenguaje espiritual.
Porque el ego también aprende a hablar de chakras.
Aprende a hablar de conciencia.
Incluso puede aprender a verse muy “espiritual”.
Por eso, en muchos momentos del camino, la práctica se vuelve más simple.
Menos demostrar.
Más escuchar.
Menos construir una identidad espiritual.
Más vivir con honestidad.
Quizás la palabra yogui es demasiado grande para usarla con tanta facilidad.
Tal vez el yoga no es algo en lo que nos convertimos,
sino algo que intentamos vivir, día a día, con un poco más de presencia.
Con un poco más de verdad. 🙏