17/05/2022
Ha pasado algún tiempo desde mi última pequeña cápsula... he estado entre la atención virtual, entre el curso maravilloso que estoy a punto de culminar, donde he encontrado compañeros españoles maravillosos, digo maravillosos porque hemos creado un espacio de reflexión e indagación que me permite cada vez ir más profundo... y eso me permite conectar y compartir con ustedes.
Si te aqueja una situación donde buscas la salida y la solución, lee atentamente este cuento:
En un caluroso día de verano, Siddhartha Gautama estaba atravesando un bosque junto a su principal discípulo, Ananda. Sediento, el Buda se dirigió a su acompañante:
-Ananda, hace algo más de una hora cruzamos un arroyo. Por favor, toma mi cuenco y tráeme un poco de agua. Me siento muy cansado — el Buda había envejecido.
Así lo hizo Ananda. Deshizo sus pasos, pero cuando llegó al arroyo, acababan de cruzarlo unas carretas tiradas por bueyes que habían removido las hojas muertas y el cieno, enturbiado el agua y convirtiéndolo en un lodazal. Este agua ya no se podía beber; estaba demasiado sucia. Así que Ananda regresó junto a su maestro, con el cuenco vacío.
-Tendrás que esperar un poco — dijo Ananda — . Iré por delante. He oído que a sólo cuatro o cinco kilómetros de aquí hay un gran río. Traeré el agua de allí.
Pero Buda insistió:
-Regresa y tráeme el agua de ese arroyo.
Ananda quedó perplejo, no podía entender la insistencia, pero si su maestro lo solicitaba, él, como discípulo, debía obedecer. Así que volvió a tomar el cuenco en sus manos y se dispuso a iniciar el camino de regreso al arroyo.
-Y no regreses si el agua sigue estando sucia — dijo Buda — . No hagas nada, no te metas en el arroyo. Simplemente siéntate en la orilla en silencio y observa. Antes o después el agua volverá a aclararse, y entonces podrás llenar el cuenco.
Molesto, Ananda volvió hasta allí, descubriendo que su maestro tenía razón. Aunque aún seguía algo turbia, el agua estaba visiblemente más clara. De modo que se sentó en la orilla, observando pacientemente el flujo del río.
Poco a poco, el agua se tornó cristalina. Ananda tomó el cuenco y lo llenó de agua, y mientras lo hacía, comprendió que había un mensaje en todo esto. Ahora podía comprender.
Rebosante de júbilo, Ananda regresó bailando hasta donde estaba Buda, entregándole el cuenco y postrándose a los pies de su maestro para darle las gracias.
-Soy yo quien debería darte las gracias, me has traído el agua — dijo Buda.
-Volví enojado al río — contestó Ananda — , pero sentado en la orilla, he visto como mi mente se aclaraba, al igual que el agua del arroyo. Si hubiera entrado en la corriente, se habría enturbiado de nuevo. Si salto dentro de la mente, genero confusión, empiezan a aparecer problemas. He comprendido que puedo sentarme en la orilla de mi mente, observando todo lo que arrastra: sus hojas muertas, sus dolores, sus heridas, sus deseos… Despreocupado y atento, me sentaré en la orilla y esperaré hasta que se aclare. Por eso, maestro, yo te doy las gracias.
Hoy estando en terapia establecimos este hermoso diálogo:
Paciente: sabes, fui infiel a mi esposo
Terapeuta: fuiste fiel
Paciente: Alejandra, no me entendiste... fui infiel
Terapeuta: fuiste fiel
Paciente: por qué lo dices
Terapeuta: me reflexionaste hace un reto respecto a tu matrimonio
Paciente: un matrimonio desgastado, yo empoderada laboralmente, él con miedo a avanzar, hicimos el mismo magister, presenté la tesina y él no la presentará, una vez más no cierra un ciclo... (hace una pausa, para continuar) todo, todo te juro que todo el tiempo quise que funcionara... acosta (hace una pausa y comienza a llorar) acosta de mi felicidad como mujer, yo no me siento atractiva sexualmente, o no me sentía sexualmente atractiva hasta lo que te mencioné... sabes 11 años en esto, en esto que se llama matrimonio, pero para mi fue una amistad, y no quiero eso, yo quiero sentirme viva, hermosa, atractiva... que le importo al hombre que tengo a mi lado, no quiero llegar del trabajo y que solo conversemos de cómo me fue, de mi hija, sé que es importante, pero quiero que me vea, que me diga que linda estás hoy, que bien te ves, o que simplemente nos tomemos de la mano... no sé...
Terapeuta: por eso te digo que fuiste fiel... estás siendo fiel a tu verdad, a lo que necesitas hoy...
este pequeño extracto da cuenta cuando estamos en la corriente y nos dejamos llevar por lo que tenemos que hacer o por lo que pensamos que tenemos que hacer.... cuando simplemente la respuesta está en esperar y despejar nuestra mente para que aparezca la verdad... después de una profunda sesión concluye diciendo:
Paciente: gracias Alejandra, no me juzgaste, tendré que comenzar a conectar con mi verdad... siento que me estoy mirando y visibilizando después de tanto tiempo, donde siento que me había abandonado.