08/03/2026
La salud mental de las madres nunca ha sido solo un asunto clínico. También tiene una dimensión política.
Esta semana, como tantas otras en estos quince años trabajando en salud mental perinatal, me ha tocado volver a escuchar a madres cansadas. Mujeres que llegan a consulta después de embarazos, partos o puerperios atravesados por la sobrecarga, la soledad y, en algunos casos, experiencias de maltrato en espacios donde deberían haber encontrado cuidado.
La clínica nos recuerda algo importante; la salud mental perinatal no depende solo de procesos individuales. También se juega en las condiciones sociales, en las políticas públicas y en la forma en que una sociedad cuida —o deja de cuidar— a quienes gestan, paren y crían.
En Chile, además, hay discusiones que siguen esperando avanzar. La Ley Adriana, que busca reconocer y abordar la violencia obstétrica en la atención del embarazo, el parto y el puerperio, lleva años sin ser tramitada.
Cuando los derechos sexuales y reproductivos se ponen en cuestión, también se tensionan las condiciones en que las mujeres viven sus maternidades.
Hace décadas, Simone de Beauvoir advertía algo que hoy vuelve a resonar con fuerza:
“No olviden jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados.”