08/04/2026
Leí algo hace poco que no pude ignorar.
Habla de los niños ejemplares. Los de buenas notas. Los que nunca fallaban. Los que aprendieron a tragarse el miedo, el estrés y el dolor para no decepcionar a nadie.
Y de cómo esos patrones no se quedan en la infancia. Se cargan. Al trabajo, a las relaciones, al cuerpo.
Cuando lo leí, todo tuvo sentido para mí. Porque hace algunos años recibí un diagnóstico de enfermedad autoinmune. Y entendí que mi cuerpo había estado hablando mucho antes de que yo aprendiera a escucharlo.
Lo que no se procesa emocionalmente, el cuerpo lo procesa físicamente.
¿En tu proceso de tratamiento alguien te ha preguntado cómo estás emocionalmente? A mí nunca me lo preguntaron.
Si te reconociste, cuéntame en los comentarios. 👇
Aquí hay espacio para eso.