16/01/2026
La autoexigencia está tan normalizada que rara vez la cuestionamos.
La llamamos 'disciplina', 'responsabilidad', 'ser fuerte'
Pero en muchas personas, esa exigencia no viene del deseo de crecer, sino del miedo a fallar, a decepcionar, a perder el lugar.
Se aprende temprano.
Cuando descansar no era opción.
Cuando cumplir era la forma de ser visto/a.
El problema no es querer hacerlo bien.
El problema es no poder parar sin culpa.
Con el tiempo, este modo de vivir pasa factura:
estrés constante, ansiedad, cansancio emocional,
y una sensación interna de nunca llegar.
No todo lo que te exige más te hace mejor.
A veces, sanar también implica revisar de dónde viene esa voz que nunca está satisfecha.
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