16/03/2026
Hay actos cotidianos que pasan desapercibidos hasta que los habitamos con presencia. Bañarse es uno de ellos. El agua toca la piel, pero también abre un espacio interno donde algo puede soltarse.
No porque el agua tenga poderes en sí misma, sino porque la intención con la que entras en ese momento cambia la experiencia. Cuando te detienes un instante, respiras y dejas que el agua caiga con conciencia, el cuerpo entiende que puede soltar tensión, ruido mental y emociones que ya cumplieron su ciclo.
A veces creemos que limpiar es solo quitar lo visible. Pero también existe una limpieza más sutil: la de lo que pesa por dentro y ya no necesitamos seguir cargando.
El agua nos recuerda algo simple: soltar también es una forma de volver a nosotros.
Amalia Strega