24/01/2026
Hijo… si un día ya no estoy, quiero que guardes en tu corazón algo que quizás no se dice lo suficiente:
te amé con toda mi alma, con cada fibra de mi ser, con todo lo que fui y también con todo lo que me faltó por ser.
No sé si fui la mejor madre,
si cometí errores que ahora pesan en el silencio,
si a veces no supe ser tan fuerte como tú necesitabas,
si en algunos días me cansé más de la cuenta…
pero quiero que sepas algo muy importante:
nunca hubo un solo amanecer en el que no pensara en ti,
ni un solo momento en el que no llevara tu nombre en el pecho,
como la luz que me guía, como el motivo de cada sacrificio.
Cada lucha que enfrenté, cada lágrima callada, llevaba tu imagen escondida en mi alma,
cada sacrificio tenía la esperanza de que tu vida fuera más ligera, más feliz, más llena de amor.
Aunque no siempre lo dijera con palabras, mis manos siempre te protegieron,
y mis lágrimas silenciosas fueron también por ti:
por miedo a fallarte, por el deseo de regalarte un mundo mejor,
y por ese amor tan inmenso que a veces dolía en el pecho, pero que nunca dejó de ser real.
Hijo, si alguna vez la vida te pesa, si el mundo exige más de lo que puedes dar,
si el cansancio te ahoga y sientes que ya no puedes más…
respira profundo, porque tienes en ti mi fuerza,
tienes en tu sangre mi coraje, mi esperanza y mi fe.
Tienes ese valor que yo fingía no tener, pero que tú heredaste sin darte cuenta,
y que te acompañará siempre, incluso en los momentos más oscuros.
Aprende a valorar lo simple:
los abrazos sinceros que sanan,
las risas que llenan el alma,
los almuerzos que saben a hogar,
las conversaciones que curan más que cualquier medicina.
Allí reside la verdadera riqueza, la vida que realmente vale la pena.
Y si algún día me extrañas,
no busques una foto vieja, ni una piedra fría,
cerrá los ojos y llámame con el corazón.
Te prometo que me encontrarás en tu forma de amar,
en tu mirada, en tus decisiones llenas de bondad,
y en cada acto bueno que hagas con sinceridad.
No llores por mí, hijo,
no detengas tu camino por mi ausencia.
Vive, lucha, equivócate, vuelve a empezar…
sé feliz, aunque a veces la felicidad parezca tardar en llegar.
Porque tú, hijo, tú fuiste, eres y siempre serás
el motivo más grande, más hermoso, y más sincero
de mi vida entera.
Te amo con todo mi corazón, hoy y siempre.
Tomado de la Web. Créditos al autor o autora.