Dra. Aileen Vargas Villalobos, Psicóloga Clínica y de la Salud Mental

Dra. Aileen Vargas Villalobos, Psicóloga Clínica y de la Salud Mental Psicología clínica y salud mental (depresión, ansiedad, duelo, traumas, autoestima, manejo de estrés, emociones, manejo de conflictos, cultura de paz)

01/02/2026

Hoy lecciones electorales en Costa Rica. 🇨🇷🇨🇷

Ya casi 😥😅
01/02/2026

Ya casi 😥😅

Viernes de humor! 😅
31/01/2026

Viernes de humor! 😅

Queridos padres:Los niños llegan al mundo con necesidades básicas muy claras: amor, seguridad, comprensión y buen trato....
30/01/2026

Queridos padres:
Los niños llegan al mundo con necesidades básicas muy claras: amor, seguridad, comprensión y buen trato. No es un capricho, es una necesidad biológica y emocional.

Cuando en lugar de eso reciben gritos, rechazo o golpes, el cerebro infantil entra en modo supervivencia. Poco a poco su arquitectura cerebral se adapta al peligro, no al aprendizaje. Esto altera la regulación emocional, la conducta y la forma de vincularse en la vida adulta.

Aquí se muestra un ejemplo contundente: el cerebro del niño de la derecha ha vivido negligencia. No es “exageración”, es daño neurobiológico real.

Si crees que necesitas gritar o golpear para educar, no es falta de autoridad, es falta de herramientas. Busca ayuda profesional.

Y no, los adultos que “salieron adelante” pese a una crianza violenta no son personas de bien gracias a los golpes o los gritos.
Lo son a pesar de ellos.
Por su resiliencia.
Por su esfuerzo.
Porque su sistema de supervivencia estuvo encendido demasiado tiempo.

Criar con violencia no forma carácter.
Forma heridas.

Créditos a quien corresponda.

Un hogar en calma no es suerte, es liderazgo.El apoyo, la seguridad y la consistencia de una pareja ayuda a reducir las ...
29/01/2026

Un hogar en calma no es suerte, es liderazgo.
El apoyo, la seguridad y la consistencia de una pareja ayuda a reducir las hormonas relacionadas al estrés, como el cortisol, y mejora la salud mental en las mujeres.

Cuando un hombre lidera con presencia, respeto y responsabilidad, el sistema nervioso de su pareja tiende a relajarse, y la paz se convierte en la norma, no la excepción.

UN LIDERAZGO FUERTE NO ES LO MISMO QUE CONTROL. Se trata de regulación emocional, confianza y protección.

Diversos estudios basados en la teoría del apego, seguridad emocional y bienestar matrimonial y que han sido publicados en medios como el Journal of Family Psychology and Psychoneuroendocrinology, muestran que las parejas que brindan apoyo emocional contribuyen a disminuir el estrés y a mejorar el estado general de salud de sus acompañantes.

Fuente: mental.aspect

Créditos a quienes corresponda. 👏🏼

De estrella de Hollywood a repartidor de pizzas... parece el comienzo de un chiste. Y en cambio, es la historia real, in...
27/01/2026

De estrella de Hollywood a repartidor de pizzas... parece el comienzo de un chiste. Y en cambio, es la historia real, intensa y humana de Chris O'Donnell.

En los años 90 estaba en todas partes. Joven, guapo, talentoso, brillaba junto a Al Pacino en Perfume de mujer, encantaba en Tomates verdes fritos en la estación de tren, hacía enamorar en Las cosas que nunca mueren.
Hollywood lo cortejaba. Estaba en la lista para interpretar a Jack en Titanic, para ponerse la máscara de Spider-Man, para acompañar a Will Smith en Hombres de Negro.

Parecía escrito: habría sido uno de los rostros inmortales de la gran pantalla.
Luego llegó Batman & Robin (1997). Una película que debía consagrarlo... y que en cambio lo sepultó.
Una estética caricaturesca, un guion ridiculizado, un fracaso clamoroso. A partir de ahí, todo cambió.

Chris dijo que no era el Titanic, ni Hombres de Negro. Y cuando llegó el momento de elegir al intérprete de Spider-Man, el director optó por otro actor.
Uno tras otro, los trenes pasaron. Y O'Donnell se quedó en tierra.
Podía aferrarse con las uñas a una industria despiadada. En cambio, hizo algo extraordinario: Se retiró en silencio.

Tomó el dinero ganado y eligió invertirlo en lo más importante de todo: su familia.
Desde 1997 está casado con Caroline Fentress. Juntos tienen cinco hijos.
Y en ese dulcísimo caos, hecho de ropa sucia, tareas escolares y cenas en pizzería, Chris encontró su verdadero lugar en el mundo.
Sí, pizzería. Porque un día, casi por juego, con amigos a su lado, abrió un local llamado Pizzana — una pizzería nacida de su amor por la comida y la convivencia.

¿Y lo más tierno? A veces era él mismo quien entregaba las pizzas.
El actor que salvaba Gotham en el cine, que actuaba en NCIS: Los Ángeles, se presentó en la puerta con una caja humeante.
Quizás llamaba a la puerta de alguien que, sin saberlo, lo había admirado en una película antigua.

Es una imagen casi poética: el héroe que sale de la pantalla y trae calor de verdad. Ya no entre explosiones o acrobacias, sino entre una pizza margherita y una risa familiar.
Con el tiempo, volvió a la televisión. Ha encontrado una nueva voz como el agente G. Callen en NCIS: Los Ángeles.
Pero algo había cambiado.
Ya no existía la obsesión por la fama, ninguna carrera por el éxito.

Había estabilidad. Había esposa, hijos, tiempo.
La historia de Chris O'Donnell no es una parábola descendente.
Es una escalada al revés: del cielo de los reflectores al corazón de las cosas simples.
Dejó Hollywood antes de que Hollywood lo dejara a él.
Y encontró algo que allí, entre alfombras rojas y guiones, se pierde a menudo: la felicidad.
Porque en un mundo que recompensa a quienes se queman rápido, Chris eligió durar.
De construir.
De amar.

No fue un accesorio extraño.Fue una historia cargada en los brazos.Durante su ceremonia de graduación en la Universidade...
27/01/2026

No fue un accesorio extraño.

Fue una historia cargada en los brazos.
Durante su ceremonia de graduación en la Universidade Federal de Ouro Preto, Lorenzo Monfardini decidió subir al escenario con algo más que toga y birrete: llevó un cilindro de gas, el mismo que su padre cargó durante más de dos décadas para sostener a su familia.

Ese objeto representaba 26 años de madrugadas, rutas interminables, cansancio silencioso y un solo objetivo: que su hijo llegara más lejos. Cada entrega fue una clase pagada. Cada esfuerzo, una oportunidad construida.

Cuando Lorenzo alzó el cilindro y buscó con la mirada a su padre entre el público, no necesitó decir nada más. Los aplausos lo dijeron todo.
No fue solo una graduación.

Fue un agradecimiento público a los sacrificios que casi nunca suben al escenario.

Un recordatorio de que muchos títulos se levantan sobre el trabajo invisible de quienes nos aman.
Y el orgullo de decir de aquí vengo y pude

❤️❤️

Libro... historias jamás contadas

HERMOSO MENSAJE SOBRE CUIDAR y AUTOCUIDARSE
26/01/2026

HERMOSO MENSAJE SOBRE CUIDAR y AUTOCUIDARSE

Hijo… si un día ya no estoy, quiero que guardes en tu corazón algo que quizás no se dice lo suficiente:te amé con toda m...
24/01/2026

Hijo… si un día ya no estoy, quiero que guardes en tu corazón algo que quizás no se dice lo suficiente:
te amé con toda mi alma, con cada fibra de mi ser, con todo lo que fui y también con todo lo que me faltó por ser.

No sé si fui la mejor madre,
si cometí errores que ahora pesan en el silencio,
si a veces no supe ser tan fuerte como tú necesitabas,
si en algunos días me cansé más de la cuenta…
pero quiero que sepas algo muy importante:
nunca hubo un solo amanecer en el que no pensara en ti,
ni un solo momento en el que no llevara tu nombre en el pecho,
como la luz que me guía, como el motivo de cada sacrificio.

Cada lucha que enfrenté, cada lágrima callada, llevaba tu imagen escondida en mi alma,
cada sacrificio tenía la esperanza de que tu vida fuera más ligera, más feliz, más llena de amor.
Aunque no siempre lo dijera con palabras, mis manos siempre te protegieron,
y mis lágrimas silenciosas fueron también por ti:
por miedo a fallarte, por el deseo de regalarte un mundo mejor,
y por ese amor tan inmenso que a veces dolía en el pecho, pero que nunca dejó de ser real.

Hijo, si alguna vez la vida te pesa, si el mundo exige más de lo que puedes dar,
si el cansancio te ahoga y sientes que ya no puedes más…
respira profundo, porque tienes en ti mi fuerza,
tienes en tu sangre mi coraje, mi esperanza y mi fe.

Tienes ese valor que yo fingía no tener, pero que tú heredaste sin darte cuenta,
y que te acompañará siempre, incluso en los momentos más oscuros.

Aprende a valorar lo simple:
los abrazos sinceros que sanan,
las risas que llenan el alma,
los almuerzos que saben a hogar,
las conversaciones que curan más que cualquier medicina.
Allí reside la verdadera riqueza, la vida que realmente vale la pena.

Y si algún día me extrañas,
no busques una foto vieja, ni una piedra fría,
cerrá los ojos y llámame con el corazón.
Te prometo que me encontrarás en tu forma de amar,
en tu mirada, en tus decisiones llenas de bondad,
y en cada acto bueno que hagas con sinceridad.

No llores por mí, hijo,
no detengas tu camino por mi ausencia.
Vive, lucha, equivócate, vuelve a empezar…
sé feliz, aunque a veces la felicidad parezca tardar en llegar.

Porque tú, hijo, tú fuiste, eres y siempre serás
el motivo más grande, más hermoso, y más sincero
de mi vida entera.

Te amo con todo mi corazón, hoy y siempre.

Tomado de la Web. Créditos al autor o autora.

Cuando mi hija Giulia, que acababa de cumplir seis  años, sacó la agenda escolar de la mochila y la dejó sobre la mesa s...
23/01/2026

Cuando mi hija Giulia, que acababa de cumplir seis años, sacó la agenda escolar de la mochila y la dejó sobre la mesa sin decir una palabra, supe al instante que algo andaba mal. No me buscó con la mirada. Abrió la agenda en la página indicada y luego desapareció en su habitación, como hacen los niños cuando temen una reacción.

La nota estaba allí. Evidente.
Escrita con esa tinta que en el colegio parece siempre más severa que las palabras.

«Estimados padres, Giulia sigue levantándose del asiento durante las clases. A pesar de los llamados de atención, se desplaza para sentarse junto a un compañero, interfiriendo con el normal desarrollo de la clase. Se solicita una entrevista.»

Sentí que mi rostro se calentaba.
No tanto por la nota en sí, sino por lo que representaba: mi hija, señalada. Mi hija, fuera de lugar. La que "molesta".

Esa noche, en la cena, el ambiente era pesado. Los cubiertos hacían ruido, pero nadie hablaba de verdad. Esperé a que Giulia comiera un poco, y luego pregunté:

«La maestra dice que te levantas a menudo. ¿Por qué?»

Giulia dejó el tenedor. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
«Yo no molesto, papá. Solo voy a estar con Andrea.»

«¿Y por qué precisamente durante la clase?»

«Porque a él le da taquicardia.»

Me detuve. «¿Qué quiere decir eso?»

«Se pone todo rojo. Le tiemblan las manos. Se esconde detrás del cuaderno. Tiene miedo de equivocarse, o de que los otros se rían. Yo lo veo, aunque él finja que no pasa nada.»

Miré a mi esposa, luego a ella de nuevo.
«¿Y tú qué haces?»

«Me siento cerca. A veces le toco el brazo. A veces me quedo callada. Pero cuando yo estoy, se le pasa. Respira mejor.»

En ese momento entendí que estaba a punto de regañar un gesto que no tenía nada que ver con la desobediencia.
Giulia no estaba rompiendo una regla por capricho. Estaba respondiendo a algo que había sentido antes incluso de entenderlo.

Al día siguiente pedí hablar con la maestra.
Una mujer experimentada, acostumbrada a mantener unidas clases difíciles y programas apretados.

«Entiendo las buenas intenciones,» me dijo, «pero el orden es necesario.»

«Estoy de acuerdo,» respondí. «Pero, ¿le ha preguntado alguna vez por qué lo hace?»

Le conté todo. Del temblor. Del miedo silencioso de Andrea. De la manera en que mi hija, sin ser invitada, se hacía cercana.

La maestra bajó la mirada. Luego se quitó las gafas.
«Andrea es muy frágil,» admitió. «Pensé que Giulia lo distraía. No había entendido que estaba intentando protegerlo.»

En el pasillo hubo un silencio poco común. No incómodo. Necesario.

La semana siguiente, ninguna nota nueva.
En su lugar, algo diferente.

En la clase nació una pequeña costumbre: si un niño se siente en dificultad, puede colocar un objeto sobre su pupitre. Una señal discreta.
Quien quiera puede acercarse. Sin hablar. Sin explicaciones. Solo estar.

Hace unos días, afuera del colegio, me encontré con la madre de Andrea.
«No sé qué ha cambiado,» me dijo, «pero ahora mi hijo entra en clase sin llorar. Dice que ya no tiene miedo.»

Giulia me tiró de la chaqueta.
«Papá, ¿vamos a tomar un helado?»

Mientras volvíamos a casa, pensaba en lo concentrados que estamos en reglas, notas, resultados. Queremos niños impecables, listos, fuertes.
Pero quizás la lección más importante no es aprender a estar siempre en el propio lugar.

Es aprender cuándo es el momento de desplazarse.
Para sentarse al lado de quien se está derrumbando.

Giulia tiene siete años.
Y, sin saberlo...¡ ya entendió lo esencial.!

Créditos a quien corresponda.
Abrazos al alma

"ESTA NIÑA NO TENDRÁ QUE SUPLICAR..."Enterró a su marido un lunes.El miércoles dio a luz.Y el viernes ya estaba en la ca...
22/01/2026

"ESTA NIÑA NO TENDRÁ QUE SUPLICAR..."

Enterró a su marido un lunes.
El miércoles dio a luz.

Y el viernes ya estaba en la calle, con una recién nacida atada a la espalda, golpeando puertas en busca de trabajo.

Porque en la vida de Elizabeth Morrow no existía la palabra rendición.

Primavera de 1887.
Dodge City, Kansas.

Tenía 22 años cuando la fiebre tifoidea se llevó al hombre que amaba en apenas tres días. Ocho meses de embarazo. Diecisiete centavos en el bolsillo. Dos conocidos en toda la ciudad, ambos demasiado ocupados tratando de no hundirse.

El funeral quedó como una deuda escrita en papel.
La maternidad llegó como un grito de vida en un mundo que no escuchaba.

Para mujeres como ella solo había tres salidas: casarse otra vez, regresar a la casa familiar o dejarse caer en la miseria. Pero Elizabeth no tenía a dónde volver. Y jamás habría escogido un marido por miedo.

Así que inventó otro camino.

Uno que casi nunca aparece en los libros, porque no se escribe con gestas, sino con agotamiento. Con días largos. Con mañanas en las que levantarse ya es una victoria.

Lavaba ropa ajena con las manos abiertas por el frío. Frotaba hasta que la piel ardía. Mientras tanto, su hija dormía en una caja improvisada, acolchada con viejos sacos de harina.

Cuando no alcanzaba, limpiaba bares al amanecer. Barría pisos manchados de historias ajenas. Y cuando aun así no alcanzaba, aceptaba turnos nocturnos en hoteles, cambiando sábanas y vaciando recipientes, mientras su hija quedaba en brazos de una vecina que incluso cobraba por guardar silencio.

El hambre no se iba nunca.
El cansancio tampoco.

Algunas noches, Elizabeth temblaba inclinada sobre el cuerpo dormido de su hija. No sabía si era el frío, el miedo o la aritmética cruel de la pobreza, siempre sumando, siempre perdiendo.

Usó el mismo vestido durante dos años.
Comió pan duro recolectado de sobras ajenas.
En un solo año, envejeció una década.

Pero jamás dejó de pagar un alquiler.
Jamás permitió que su hija se quedara sin leche.
Y jamás dejó de cantarle antes de dormir, incluso cuando la voz se le rompía.

En 1895, con un ahorro construido moneda a moneda, abrió una pequeña pensión. Cinco años después, el edificio completo le pertenecía.

Mary creció observando a su madre transformar la dureza en dignidad, día tras día, sin aplausos.

Se convirtió en maestra. Luego en directora. Fue una de las primeras mujeres de Kansas en ocupar ese cargo. Y en 1923, durante una ceremonia de graduación en Dodge City, comenzó su discurso con una frase que detuvo la sala:

“Mi madre me enseñó que la dignidad no es algo que te conceden, sino algo que decides no perder.
Fregó pisos para que yo pudiera estar hoy aquí.”

Aquello no fue solo sobrevivir.
Fue una revolución silenciosa, hecha de jabón, tela áspera y voluntad.

Elizabeth vivió hasta los 83 años. Lo suficiente para ver a su hija jubilarse con honor, a sus nietos graduarse y a sus bisnietos crecer en un mundo que ella había conquistado paso a paso, sin pedir permiso.

Cuando le preguntaron qué la sostuvo en los días imposibles, se quedó callada un momento. Luego respondió:

“Cada mañana miraba a Mary y pensaba:
esta niña no pasará hambre.
esta niña no tendrá que suplicar.”

Y eso era más fuerte que cualquier cansancio.

Algunas mujeres sobreviven.
Otras resisten.

Elizabeth Morrow hizo algo más.
Construyó futuro con sus propias manos.
Y lo llamó amor.

Créditos a quien corresponda.

ZAPATOSA veces, como adultos, creemos que todo en la vida de un bebé necesita un accesorio: un gorrito, una cobijita, un...
22/01/2026

ZAPATOS

A veces, como adultos, creemos que todo en la vida de un bebé necesita un accesorio: un gorrito, una cobijita, un par de zapatitos diminutos que se ven divinos en la foto.
Pero si somos honestos… ¿cuánto dura un zapato en el pie de un bebé?
Exacto: lo mismo que dura una dieta en diciembre.

La verdad es que ponerle zapatos a un bebé es más un gesto cultural que una necesidad. Ellos no los necesitan. Nosotros necesitamos sentir que ya “andan”, que ya “avanzan”, que ese par minúsculo los hace ver más “listos”. Pero el bebé, mientras tanto, recibe el mundo desde abajo: el piso, la alfombra, el pasto, el mosaico frío. Ahí está su primer mapa del planeta, su primer lenguaje sensorial… y se lo tapamos con suela.

Los pies descalzos no solo son libertad: son información, equilibrio, aprendizaje. Son ese “yo puedo” que un niño expresa mucho antes de pronunciar palabras. Los pies están diseñados para eso, para sentir, para ajustar, para evitar resbalones sin necesidad de nada más.

Los zapatos, en realidad, llegan después: cuando ya tocan la calle, cuando hay piedras, calor, cosas que pican o lastiman. Afuera sí hacen falta.
Pero en casa, en la escuela, en espacios cerrados… no. Los zapatos ahí sobran. El desarrollo no entra por la suela: entra por el contacto directo con el mundo.

A veces, lo mejor que puedes darle a tu hijo no es un zapato bonito, sino la posibilidad de sentir el piso y descubrir que sus pies saben más de lo que imaginabas.

Por cierto los famosos y horrorosos Pingos o de “trompa de cochino” que exigen en la guardería son una aberración del sistema.

Créditos Dr. García Elizondo (Pediatra)..

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