12/03/2026
He vuelto a casa con un cuenco lleno de semillas de Ecuador y Argentina. Siempre me ha encantado la metáfora de la semilla, por todo lo que ocurre en lo invisible, bajo tierra, antes de emerger. Así me siento estos días: hacia dentro, integrando tantas semillas de diferentes tamaños y colores que recibí en este viaje.
Tuvimos un hermoso reencuentro con Gemma después de cinco semanas. Yo volaba hacia América Latina, ella caminaba hacia los Pirineos. Ha sido precioso escuchar sus historias del peregrinaje: ocho horas caminando cada día, en pleno invierno. Caminar como acto de memoria, de paz, de oración.
Cada una siguiendo sus pasiones y ahora navegando la vuelta a la rutina del día a día, con sus turbulencias esperadas. Me viene a la mente el título del libro “Después del éxtasis, la colada”.😊
He visto a mi hijo, con tiempo para escuchar su momento vital: búsquedas, nuevos proyectos, miedos y sueños. Hermoso reencuentro también con mi hermano, con la familia, con nuestra gata y nuestras plantas. Me fui en pleno invierno y ahora brotan con fuerza fresias naranjas en el balcón.
En tiempos tan convulsos, lo sencillo y los vínculos nutren y reparan. Pasar tiempo delante del fuego. Seguir mirando las semillas. 🌰🌰
Vuelvo también al ordenador, a las sesiones de acompañamiento, a preparar los próximos retiros y formaciones.
Regreso con el corazón lleno de encuentros, historias y aprendizajes. Con nuevos vínculos en Ecuador y Argentina, con la sensación de familia. Con la voz de muchas mujeres —abuelas, parteras, madres— resonando todavía dentro de mí. Y en el fondo del pecho, un anhelo claro de volver a las Américas, donde me siento en casa.
Este viaje me recordó algo sencillo y profundo: que la vida se sostiene en redes de cuidado, en la memoria de quienes caminaron antes y en la valentía de seguir imaginando un mundo más digno.
Ahora empieza el tiempo de cuidar estas semillas nuevas, que nacen de raíces muy antiguas. 🌱🤎🌱
Sophia