11/03/2026
🍃Reflexión desde el corazón de quien camina la ciudad
Hay días en que salir a la calle ya no se siente igual. Caminamos, sí, seguimos haciendo nuestras actividades, trabajando, llevando a los hijos a la escuela, tomando el bus o recorriendo las calles como siempre… pero ahora hay algo más que nos acompaña: un temor silencioso.
No es que uno salga pensando que algo va a pasar. No es un pensamiento que buscamos. Pero llega. Se instala. Y es imposible ignorarlo. Es imposible no sentir esa preocupación constante de que algo pueda suceder.
Vivimos en un tiempo donde los sonidos ya no son claros. A veces escuchas algo fuerte y ya no sabes si es una bomba, un disparo o simplemente otro ruido más de la ciudad. Todo se mezcla. Todo se vuelve incierto.
Caminar por las calles a las siete y media de la noche ya no es lo mismo. Muchos locales están cerrando, la vida nocturna se apaga temprano y las calles se sienten más vacías. La ciudad cambia, y con ella también cambian nuestras emociones.
A veces también pienso en las diferencias de realidades. En cómo hay personas que viven en contextos donde todo parece más seguro, más ordenado, más tranquilo. Y mientras tanto, quienes caminamos por las calles, quienes usamos el transporte público, quienes vivimos día a día en los barrios, vemos otra realidad. Una realidad que se siente más dura, más cercana.
Y duele.
Duele ver cómo poco a poco hemos ido normalizando la violencia. Escuchar que alguien murió y seguir el día como si fuera parte de la rutina. Escuchar de desapariciones, de trata, de niños y jóvenes atrapados en realidades que no eligieron.
El alma a veces se cansa de ver tanta maldad, tanta injusticia, tanta indiferencia.
También duele la falta de empatía. Esa sensación de que mientras algunos logran avanzar, otros quedan atrás y pareciera que a nadie le importa. Y no se trata de criticar el progreso de nadie. Al contrario, alegra ver a personas crecer, abrir un negocio, salir adelante. Pero al mismo tiempo entristece ver tantos otros cerrando sus puertas.
Todo esto nos lleva a una pregunta profunda:
¿Qué podemos hacer?
A veces pareciera que todo está sucio, que nada es transparente, que pedir ayuda incluso puede empeorar las cosas. Y entonces aparece la impotencia.
Pero aun así, seguimos caminando.
Seguimos trabajando.
Seguimos cuidando a nuestros hijos.
Seguimos creyendo en algo mejor.
Porque a pesar del miedo, también existe la esperanza.
Espero que Dios nos bendiga, que nos dé dirección y que como sociedad podamos volver a mirarnos con más humanidad, con más empatía y con más conciencia de que todos compartimos esta misma tierra y este mismo destino.
Porque al final, lo que le pasa a uno también nos toca a todos.
Como psicóloga y como ciudadana que camina estas calles, también necesitaba decirlo.
Psic. Veronica Ronquillo Verito RV 🦋🌻