17/11/2025
A partir de la cuarta década de vida, el volumen cerebral disminuye de manera natural. Las áreas más afectadas son las que gobiernan la memoria, el aprendizaje y la atención. Es un proceso silencioso, inevitable, que abre la puerta al deterioro cognitivo y a enfermedades como el Alzheimer.
Sin embargo, la música ofrece un refugio inesperado. Escuchar, tocar o aprender música activa múltiples regiones del cerebro al mismo tiempo: la corteza auditiva, el hipocampo, las áreas motoras y emocionales. Esta estimulación simultánea favorece la plasticidad neuronal, la capacidad de crear nuevas conexiones y compensar pérdidas.
Los estudios muestran que quienes practican música regularmente mantienen mejor la memoria y la concentración. Que aprender un instrumento en la adultez fortalece la coordinación y la creatividad. Que incluso escuchar canciones familiares despierta recuerdos y emociones, reforzando circuitos neuronales que parecían dormidos.
La música no solo protege contra el deterioro cognitivo. También reduce el estrés, fomenta la socialización y aporta propósito, factores que influyen directamente en la salud cerebral. En otras palabras, mientras el tiempo encoge el cerebro, la música lo expande en posibilidades.
El encogimiento cerebral es inevitable. Pero la música nos recuerda que la mente puede seguir creciendo, conectando y resistiendo, incluso cuando el calendario avanza.
Basado estudios de neurociencia publicados en Frontiers in Psychology y Nature Reviews Neuroscience. Este contenido es informativo y educativo.