12/03/2026
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Noboa, títere del imperialismo convencido de su papel
El gobierno de Daniel Noboa es un ejemplo de la subordinación al imperialismo estadounidense y la coherencia con los intereses de la fracción de la burguesía a la que pertenece. Los hechos recientes como la expulsión del embajador cubano, la reunión con altos mandos del Comando Sur, la presencia de Noboa en la reunión de presidentes vasallos y el inicio de operaciones militares coordinadas con Estados Unidos, son episodios aislados, sino parte de un mismo proyecto político.
Como es de esperarse, la política exterior del gobierno de Noboa expresa con claridad esa articulación. La ruptura de relaciones con Cuba y la expulsión de su embajador y cuerpo diplomático, no responden a un conflicto diplomático circunstancial, sino a un alineamiento ideológico con la política exterior de Washington contra los gobiernos que mantienen posiciones soberanas en la región. Se trata de una señal política: Ecuador reafirma su ubicación en el bloque de países subordinados a la estrategia geopolítica estadounidense.
Este alineamiento se vuelve aún más evidente con el acercamiento al Comando Sur. La reunión entre Noboa y los altos mandos de esa estructura militar, no puede interpretarse simplemente como cooperación en materia de seguridad, el Comando Sur ha sido históricamente el instrumento mediante el cual Estados Unidos garantiza su influencia militar en América Latina, en procura de buscar la estabilidad de regímenes aliados y la protección de sus intereses económicos y estratégicos. La decisión de iniciar operaciones militares conjuntas contra el “crimen organizado” bajo coordinación estadounidense, refuerza esa lógica de dependencia.
El discurso oficial intenta justificar estas medidas bajo el argumento de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. Sin embargo, la militarización de la sociedad y la presencia creciente de estructuras militares extranjeras, no resuelven las causas profundas de la violencia, las mismas están vinculadas al propio modelo económico del capitalismo dependiente del imperialismo, que se expresa en: desigualdad, precarización laboral, concentración de la riqueza y descomposición institucional. La respuesta militar, lejos de resolver el problema, fortalece un aparato estatal represivo que termina dirigido contra los sectores populares.
Sería simplista atribuir esta orientación únicamente a presiones externas de los Estados Unidos, pues Daniel Noboa no es un actor pasivo, su proyecto político se inscribe dentro de una élite empresarial que concibe al país como una plataforma de negocios integrada al mercado global bajo tutela gringa. La apertura a la influencia militar norteamericana, el alineamiento diplomático con Washington y la hostilidad hacia gobiernos que cuestionan las órdenes del águila del norte, son decisiones coherentes con esa visión política e ideológica.
En este sentido, el actual Gobierno no representa una anomalía, sino que es la expresión contemporánea de una larga tradición de subordinación de las clases dominantes ecuatorianas al imperialismo eso se demuestra con la presencia de bases militares, así como los tratados comerciales desiguales. La historia reciente del país muestra cómo las élites han buscado garantizar su poder interno mediante alianzas externas con el imperialismo.
Por esta razón, la actuación del gobierno no es solo un problema de la orientación en la política exterior, es expresión de la dependencia del país al imperialismo norteamericano. Realidad que se mantendrá mientras el poder político siga en manos de la gran burguesía. Romper ese ciclo exige algo más profundo que cambios diplomáticos: requiere transformar las estructuras sociales y económicas. Solo entonces será posible hablar de verdadera soberanía.