Crecer HOY

Crecer HOY A través de la hipnosis conocí un mundo inmenso de posibilidades. No estás sol@. Pide ayuda.

Hace muchos años conseguí eliminar un pánico de mi vida, y desde entonces me dedico a ayudar a los demás con sus bloqueos.

24/02/2026
Jornada 15 de mi blog en www.crecer-hoy.com, o cómo distinguir el detonante de un trauma producido en una vida anterior....
21/02/2026

Jornada 15 de mi blog en www.crecer-hoy.com, o cómo distinguir el detonante de un trauma producido en una vida anterior.

http://crecer-hoy.com/2026/02/21/jornada-15/

En la primera Jornada de este blog conté cómo a una edad muy temprana (6 ó 7 años) comencé a recordar datos de una vida anterior. Bueno… más que de la vida, recordaba los momentos de la muerte, ya …

LA DOCTORA DE LA MUERTEEn una época donde la medicina se entrenaba para ser fría, distante y “objetiva”, ella apareció c...
16/02/2026

LA DOCTORA DE LA MUERTE

En una época donde la medicina se entrenaba para ser fría, distante y “objetiva”, ella apareció como una anomalía incómoda: una doctora que se sentaba al lado del paciente terminal y le preguntaba:

- ¿Qué sientes?

Y con esa sola pregunta, rompió un sistema entero.

En 1965, en hospitales donde la muerte se trataba como fracaso, ella se negó a verla como derrota. Mientras muchos profesionales evitaban acercarse demasiado a los moribundos, ella se quedaba. No para salvar el cuerpo a toda costa, sino para acompañar la experiencia humana.

Y eso ya era suficiente para incomodar, porque en ese tiempo escuchar emociones no era considerado medicina: era considerado debilidad.

Elisabeth Kübler-Ross empezó a notar algo que se repetía en muchos de sus pacientes: personas que, al acercarse a la muerte, hablaban de calma, de luz, de presencia… de despedidas invisibles, de encuentros con seres queridos fallecidos.

Ella no se burló. No patologizó. No lo barrió debajo de la alfombra.

Hizo lo que casi nadie hacía: les creyó.
Y eso fue revolucionario.

Cuando empezó a interesarse por las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM), una parte importante de la comunidad médica se le echó encima. Porque hablar de eso era meterse en terreno prohibido: lo espiritual, lo intangible, lo que no se puede medir con un aparato ni encerrar en una estadística.

Y la ciencia de esa época tenía una postura clara:

“Si no se puede probar, no existe.”

Pero ella respondía con otra verdad igual de fuerte:

“Si alguien lo vive, importa.”

Ahí fue cuando empezaron a ridiculizarla, desacreditarla y tratarla como si se hubiera desviado, como si la compasión fuera una falta profesional. Como si hablar de lo emocional y lo espiritual fuera una amenaza para la medicina.

Y, por supuesto, hay algo que no podemos ignorar: en un mundo profesional profundamente jerárquico, ser mujer y hablar con esa libertad también hizo que su voz incomodara todavía más.
Porque Elisabeth no solo estaba hablando de muerte sin miedo. También estaba hablando de duelo sin vergüenza, emociones sin censura y espiritualidad sin pedir permiso.

En otras palabras, estaba defendiendo algo que hoy parece obvio, pero que en su tiempo era casi impensable:

QUE UN PACIENTE NO ES UN CASO CLÍNICO... ES UN SER HUMANO.

Elisabeth Kübler-Ross dejó algo más grande que las famosas cinco etapas. Dejó una idea que todavía hoy incomoda:

"Morir no debería ser un proceso frío".

El final de la vida también merece dignidad. Y la espiritualidad, para muchas personas, puede ser parte del cuidado.
Porque hay cosas que no entran en un expediente clínico… pero sí en el corazón.

Por eso sigue siendo tan importante. Porque ella fue la prueba viviente de algo que muchos todavía están aprendiendo:

- Que la sensibilidad también puede ser ciencia
- Que escuchar también es medicina
- Y que acompañar… también es sanar.

(Elisabeth Kübler-Ross Foundation
Página oficial)

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12/02/2026

👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻

Una lección a tener muy en cuenta 🙏🏻😊💜
09/02/2026

Una lección a tener muy en cuenta 🙏🏻😊💜

LAS HUMILLACIONES EN PÚBLICO

Hace tiempo un compañero de servicio me dejó en evidencia delante de todo el equipo.

No voy a entrar en detalles. Quien haya trabajado en un hospital sabe cómo funciona. La magia de las sesiones clínicas…

Me fui a casa dándole vueltas. ¿Tenía razón? ¿Me lo merecía? ¿Era yo la que estaba equivocada?

Y entonces me acordé de Horace Wells.
Wells era dentista. En 1844 descubrió que el óxido nitroso eliminaba el dolor. Lo probó primero en sí mismo: le arrancaron una muela y no sintió nada. Luego lo repitió en doce pacientes. Funcionó en todos.

Así que fue a Harvard a demostrarlo.
El paciente gimió. El público le abucheó. Le llamaron charlatán. Se fue de allí humillado.

Nadie quiso escuchar que el paciente confirmó después que apenas había sentido dolor. Daba igual. Ya tenía la etiqueta.

Para rematar, su exalumno William Morton usó éter dos años después y se llevó toda la gloria.

Wells cayó en la adicción al cloroformo. Se quitó la vida en una celda de Nueva York. Tenía 33 años.

Doce días antes, la Sociedad Médica de París había votado reconocerle como el padre de la anestesia.
Nunca lo supo.

Mira. La trampa es la misma.
Si necesitas que te aplaudan para seguir caminando, estás mu**to antes de morirte.

La persona más peligrosa del mundo no es la que te insulta. Es la que tiene el poder de validarte. Porque si le das ese poder, también le estás dando el de destruirte.

Wells tenía razón. Lo único que le faltó fue creérselo él mismo.
No cometas ese error.

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