26/02/2026
A veces creemos que “reaccionamos demasiado”. Que somos intensxs, rarxs, desbordadxs o frágiles; incluso que algo está mal en nosotrxs. Pero muchas veces no es eso.
Si en la infancia crecimos entre gritos, silencios que dolían, emociones ignoradas o explosiones de ira, faltó algo esencial: una contención amorosa que nos ayudara a regular lo que sentíamos. De niñxs no aprendemos a calmarnos a solas. Primero necesitamos que alguien nos calme. Que alguien nombre lo que pasa. Que alguien sostenga y nos enseñe a atravesar la dificultad o el miedo.
Cuando esa regulación externa no estuvo, el cuerpo hizo lo que pudo para sobrevivir: reprimir, tensarse, adaptarse. Y lo que no pudo expresarse entonces, a veces emerge en la vida adulta como ansiedad, colapso, rabia o tristeza profunda.
Si hoy sientes que todo se desborda, puede que no estés exagerando. Puede que haya sido demasiado.
La buena noticia es que la regulación emocional se puede reaprender. Con acompañamiento, con conciencia corporal, con autocompasión. Podemos integrar esas heridas, recolocar el dolor y construir una nueva forma de cuidarnos.
Iniciar un proceso de autoconocimiento es empezar a ofrecerte hoy la contención que un día faltó. Es elegir cuidarte desde dentro. Y eso puede transformar profundamente la manera en que habitas tu vida.
📷Laura Jiménez Orts En .creativestudio