08/03/2021
Hace mucho que no publico en redes sociales y el hacerlo hoy responde más a un deseo que a un imperativo. Deseo de compartir la admiración por una mujer maravillosa: María.
Una de esas personas que llenaba de luz el lugar por el que pasaba y que, aún sin estar presente físicamente, te saca una sonrisa solo con su recuerdo.
Una mujer avanzada para su época.
Abuela, amiga, confidente, compañera de viaje, de alegrías y de tristezas también.
Una mujer de semblante fuerte pero que tendría, como todas tenemos, sus propias batallas internas.
Empezó siendo la lechera del pueblo y con el deseo de prosperar creó un negocio familiar que a día de hoy, más de cincuenta años después, sigue dando de comer a varias familias gracias a quienes le cogieron el relevo.
Mientras tanto y como podía, sacaba adelante a sus dos hijos y tres hijas, llevando en su interior el duelo por la pérdida de un hijo de 18 meses de edad.
Una mujer que a pesar de los mandatos de la época, vivió acorde a sus principios y sus deseos.
Una mujer que creía en ella.
Una mujer decidida que no se quedó esperando a que un hombre la autorizase sino que buscó y encontró la forma de vivir la vida que quería y como quería.
Una mujer que no se conformó.
Una mujer curiosa, con ganas de ver mundo, que viajó con quien tuvo la suerte de acompañarla.
Una mujer ambiciosa. Tenaz. Paciente. Generosa. Trabajadora. Siempre dispuesta.
Una mujer emprendedora.
Una mujer de carácter fuerte pero llena de amor.
Una mujer que estaba del lado de la vida.
Una mujer libre.
Aún hoy decimos que estaba hecha de otra pasta. No sé si ella se fue siendo consciente de todo lo que nos enseñó pero lo mejor es que seguimos aprendiendo de ella, cada día, gracias a su recuerdo.
Tenemos una gran responsabilidad en el cambio de paradigma que tenemos por delante y debemos tener presente que el verdadero esfuerzo está en el día a día, en los detalles más pequeños, en la cotidianidad, en nuestras casas, en nuestras relaciones, en la forma de relacionarnos unas con otras y de relacionarlos con el otro masculino...
El recuerdo de mi abuela me ha hecho darme cuenta que el efecto que podemos tener en las generaciones futuras es ilimitado y eso nos hace muy poderosas.
En esta foto estamos tres generaciones de mujeres a falta la pequeña de la familia que todavía no había llegado, “mi Carmen” como la llamaba mi abuela.
Para todas, estar ahí es todo un orgullo.