13/04/2026
UN RAYO DE ESPERANZA
Pero no, no el que piensa D.T. que él representa.
Hay algo que nos enseña la práctica Zen:
El "makyô", el "engaño", es la fuerza del ego que se pone en funcionamiento cuando das pasos hacia el despertar a la Verdad. Ésta es la base del "combate espiritual". La Fuerza de la Fuente Original (Bodaishin) se manifiesta en la persona y la empuja a caminar hacia el descubrimiento de su verdadera naturaleza. Y eso despierta una reacción, la fuerza del ego, que trata de sabotear ese camino.
Esa fuerza de reacción se manifiesta de diferentes formas, algunas más sutiles, otras más groseras. En el Cristianismo, son las diferentes caras del demonio. En el Budismo recibe el nombre de Mara y en el Hinduismo, Apasmara. En las religiones se advierte de que uno de los entretenimientos favoritos del demonio es disfrazarse de Dios, lo que en la práctica meditativa suele manifestarse en la soberbia espiritual y, en la cotidianeidad que nos toca vivir... a la imagen me remito, por no mencionar las arengas de Netanyahu sobre el "ejército más moral del mundo" y las de los Ayatollah.
La práctica Zen nos enseña que el makyô, el engaño, debe ser atravesado. El combate espiritual -término que a algunas personas no gusta demasiado por una comprensión insuficiente de lo que significa- es en realidad una expresión de no violencia. Apunta a la firme determinación de no dejarse vencer por los engaños (tentaciones, en lenguaje religioso) y de seguir adelante en la práctica, pase lo que pase.
También nos enseña que -si nuestra práctica está bien orientada y es sistemática- nuestra conciencia se va estabilizando y se van cultivando en nosotrxs el discernimiento y la compasión que nos permiten ir abordando la práctica -y la vida- desde otro lugar, con una mirada más amplia.
Cuando esto ocurre, los engaños van perdiendo la capacidad de secuestrar nuestra atención y confianza, y se va dando una progresiva desidentificación con el ego, que nos permite observarlo con creciente ecuanimidad. Es entonces cuando el mecanismo del engaño, despojado de su capacidad de manipulación, queda al descubierto. Y, al ser observado por la conciencia desapegada, el makyô se convierte en tu maestro.
El engaño es, por tanto, parte fundamental de la práctica. De hecho, el equivalente cristiano a makyô es "pecado", que deriva del término griego "hamartia", es decir "errar el tiro". Ese errar el tiro es la base de la práctica que nos permitirá afinar la puntería necesaria para desenvolvernos en la vida desde otro Lugar y otra Mirada.
Dicho en castizo, cuando el engaño asoma la nariz -si retiras de él tu confianza y lo observas con ecuanimidad- termina por quedar con el trasero al descubierto.
Y lo que ocurre con el ego individual y sus engaños, ocurre también con el ego colectivo y sus engaños colectivos.
El resurgimiento del populismo egótico (América first, España para los españoles, etc.), aunque implique un engaño con gran carga perturbadora, tiene al fin y a la postre un aspecto positivo, el de mostrar a plena luz del día lo que estaba oculto en el inconsciente colectivo, y las devastadoras consecuencias de poner nuestra confianza en esos impulsos egoístas sostenidos en la visceralidad y la proyección inconsciente de nuestros miedos interiores.
Es incómodo, sí. Se produce con violencia que causa sufrimiento, sí. Pero visto con mirada amplia, es la crisis de una forma de estar en el mundo que se tambalea y resquebraja, y que trata de morir matando. Y esa crisis es a veces necesaria para ayudarnos a caer colectivamente en la cuenta.
A quienes no soportamos en propia carne (o al menos no en toda su crudeza) toda esa violencia y sufrimiento, nos está tocando ser testigos de la locura que se está desatando.
Si -a pesar de la enorme dureza de los acontecimientos- mantenemos la ecuanimidad y la confianza en el proceso de aprendizaje que acarrea, habrá un rayo de esperanza en el núcleo de toda esta sinrazón. Y de la crisis, surgirá el cambio.