02/11/2025
Cuando no prohíbes, se escuchan de verdad.
Esta mañana, desayunando con mi hijo en una cafetería, lo primero que vimos fue una vitrina llena de dulces.
De esas que te atrapan con solo mirarlas… y claro, para un niño, todavía más.
La idea era desayunar una tostada, pero él quiso el bizcocho de chocolate.
Aquí hago una pausa para confesar que tuve que respirar dos veces para no prohibírselo.
Yo también estoy aprendiendo.
Finalmente, ocurrió algo, comió de nuestras tostadas: la del padre —jamón asado, queso crema y aguacate— y la mía con huevo, tomate seco, rúcula y aguacate.
El bizcocho lo pusimos para llevar porque en ese momento no le apetecía.
De camino a casa, en la bici, me preguntó:
—Mami, ¿esto tiene azúcar?
—No lo sé —le respondí—, ¿te gusta?
—Sí.
—Pues ya está. El azúcar es un alimento más, como los demás.
Entonces me dijo:
—Pero si como mucho azúcar, me duele la barriga, ¿no?
—Claro —le dije—, igual que si comieras muchos plátanos, o muchísimo brócoli, o un montón de garbanzos.
Todo en exceso sienta mal.
💛 Cuando no prohíbes, no generas ansiedad.
💛 Cuando tratas los alimentos con naturalidad, el niño aprende a escucharse.
❤️Cuando hay alimentos variados en la mesa, los niños pueden elegir lo que les apetece de verdad.
Y lo más bonito: después del bizcocho solo comió un trocito, la mitad lo guardó para su prima💛
La buena relación con la comida empieza ahí:
en cómo la miramos, cómo la nombramos,
y en cómo enseñamos a nuestros hijos a disfrutarla sin miedo. 🍞🍫🥑