12/01/2026
En la vida cotidiana damos por hecho que sabemos quiénes somos: un nombre, una historia, un cuerpo, una mente llena de recuerdos y expectativas. Sin embargo, cuando todo eso se mira de cerca, descubrimos que son capas transitorias, cambiantes, que no pueden sostener nuestra identidad real. Lo que ayer parecía definirnos, hoy ya no existe, y sin embargo, seguimos siendo.
Ramana Maharshi proponía una vía directa, simple y profunda: la autoindagación. Consiste en preguntar, con total honestidad: “¿Quién soy yo?”. No para encontrar una respuesta conceptual, sino para desvelar lo que siempre ha estado presente.
Cuando surge un pensamiento, puedes preguntar: “¿A quién aparece este pensamiento?”. Si la respuesta es “a mí”, sigue investigando: “¿Quién soy yo?”. Al hacerlo, la atención se vuelve hacia dentro y el yo ilusorio empieza a disolverse. Ves que el “yo” al que todo parece ocurrir no puede encontrarse. No es más que una creencia sostenida por la mente.
En la profundidad de esa indagación, lo que permanece no es un nuevo yo, sino la conciencia sin forma en la que todo surge. No necesitas llegar a ninguna conclusión. No necesitas forzar nada. Solo mirar, con apertura.
El yo separado teme su disolución porque cree que perderá algo. Pero lo que realmente ocurre es lo contrario: desaparece la carga de sostener una identidad limitada. Queda la libertad, la paz y el gozo natural del Ser.
Indagar no es un ejercicio mental, es un volver al origen. Es reconocer que no eres el pensador, el cuerpo, ni la historia. Eres aquello en lo que todo aparece y desaparece, siempre presente, inmutable.
Y entonces, la gran paradoja se revela: no encuentras al yo porque nunca existió. Solo queda lo que siempre fuiste, más allá de las palabras: pura presencia.
MLBC💜