14/01/2026
Cuando idealizamos a una persona, operamos bajo el “Efecto Halo”. Este es un sesgo cognitivo donde la percepción de un rasgo positivo (por ejemplo, la inteligencia o el atractivo), se extiende injustificadamente a todas las demás facetas de su personalidad.
El cerebro ignora las "señales de alerta" o incongruencias para mantener una imagen mental coherente y perfecta. Pero como nadie puede sostener una perfección multidimensional, la realidad tarde o temprano aparece, generando una disonancia cognitiva dolorosa.
Al idealizar, privamos a la persona de su derecho a ser humano y el resultado es la inevitable decepción, aunque el otro no nos está fallando en realidad, lo que está fallando es el "personaje" que habíamos diseñado para él/ella.
Recuerda: es saludable admirar, pero idealizar tienes sus riesgos.