25/03/2024
El espíritu es la parte de nosotros que está completamente al mando, guiándonos en nuestro viaje de experiencias. Su naturaleza es abierta y receptiva; no juzga las emociones, sino que las acoge y las utiliza como herramientas para aprender y crecer. La tristeza, la alegría, la decepción, el amor y cualquier otro sentimiento o emoción son bienvenidos por el espíritu, ya que representan aspectos fundamentales de nuestra existencia y nos ayudan a comprender mejor la vida.
El alma, por su parte, actúa como un velo o cuerpo que envuelve al espíritu, permitiéndole interactuar con las dimensiones astrales más densas. A diferencia del espíritu, el alma está más conectada con las emociones y busca constantemente esa sensación de felicidad o alegría. Es como un puente entre el espíritu y el mundo material, facilitando nuestra experiencia en diferentes niveles de conciencia.
Finalmente, el cuerpo físico representa el último envoltorio o traje que necesitamos para habitar la tercera dimensión. Es a través de este cuerpo que podemos experimentar la realidad tangible, utilizando nuestros sentidos y emociones de manera única. Encarnamos en este plano terrenal para vivir experiencias que son exclusivas de la vida física y que no podríamos experimentar en las dimensiones astrales.
En resumen, esta tríada de espíritu, alma y cuerpo físico nos brinda la oportunidad de explorar y comprender la totalidad de nuestra existencia, desde lo más sutil y espiritual hasta lo más concreto y material.