30/01/2026
A veces olvidamos que los titulares no caen en vacío.
Que detrás de cada persona que lee hay una historia, un momento vital y una sensibilidad distinta.
Hoy me ha llamado poderosamente la atención leer que, según la psicología, el color que eliges puede decir si eres más o menos inteligente. Y no puedo evitar preguntarme:
¿somos realmente conscientes del efecto que este tipo de mensajes puede tener en personas altamente sensibles o en quienes ya están luchando por sostenerse emocionalmente?
No se puede etiquetar a una persona como más o menos inteligente por el color que elige. La vida, la experiencia y el estado emocional no caben en un titular.
Me asombra que, a día de hoy, revistas y medios publiquen este tipo de información sin detenerse a pensar en la repercusión que puede tener en la autoestima y en la percepción que una persona tiene de sí misma.
No hablo como profesional de la medicina ni de la psicología. Hablo como alguien que ha vivido, que ha pasado por momentos de oscuridad y de luz, y que nunca se ha medido a sí misma por un color ni por una etiqueta. Nunca me he considerado más o menos inteligente por cómo me vestía o por lo que elegía.
Por eso, deseo de corazón que quienes lean este tipo de artículos no se den por aludidos ni se definan a partir de ellos. A veces, cuando una información viene acompañada de la palabra “psicología”, la asumimos como una autoridad incuestionable. Y no siempre debería ser así.
Seamos coherentes con nosotros mismos.
Cuestionemos, busquemos información, contrastemos y, sobre todo, aprendamos a escucharnos por dentro.
Porque solo desde esa escucha interna podemos caminar en coherencia… y vivirla de verdad.
Y quizá la verdadera pregunta no sea cómo clasificar a las personas, sino cómo aprender a mirar sus capacidades, reconocer su potencial y crear espacios donde puedan desarrollarse sin miedo ni etiquetas.
Tal vez ahí esté la inteligencia que realmente importa.