11/05/2026
Voy a contaros algo que me pasó hace no mucho.
Estaba en una reunión, había varias personas, y en un momento dado alguien me miró y dijo algo muy interesante! me dijo que yo era difícil de leer, que no sabía nunca lo que estaba pensando, que mi silencio le ponía nerviosa, que no entendía si estaba de acuerdo o en desacuerdo, si me gustaba o no, si estaba cómoda o incómoda, que me sentía desregulada…
Y yo la miré, y sonreí, y no dije nada.
Porque lo que no le dije es que en esos treinta minutos yo ya había leído perfectamente todo lo que necesitaba saber, sus miedos, su necesidad de aprobación, la historia que se estaba contando a sí misma, la herida que había detrás de cada palabra que elegía, lo veía todo, con una claridad que a veces me sorprende incluso a mí, y no dije nada, no la corregí, no la juzgué, porque he aprendido que cada una estamos haciendo lo mejor que podemos con lo que tenemos, y eso siempre es suficiente.
Han confundido muchas veces mi calma con inseguridad, mi silencio con congelación, mi no reaccionar con no darme cuenta, pero no, mi calma no es ingenuidad, es elección, es el resultado de años de trabajo interior, de haber transformado muchísimo dolor, mucho trauma de infancia, muchas heridas que durante demasiado tiempo dirigieron mi vida sin que yo pudiera evitarlo.
Hubo una época en que necesitaba corregir, defender, demostrar, porque por dentro había tanto miedo que el ruido era la única forma que conocía de sentirme segura, ese trabajo es el que me ha traído hasta aquí, a esta calma, a este silencio que ya no me pesa sino que me sostiene, a esta vida preciosa que vivo desde la pasión, desde el propósito y desde una comunidad que me recuerda cada mañana por qué estoy aquí.
Vivir plenamente no hace ruido, pero se nota, en la mirada, en cómo ya nada te saca de ti misma, en que puedes estar en medio de cualquier tormenta y seguir siendo tú.
Si tu también quieres llegar a aquí escríbeme, no para que te arregle, sino para acompañarte de vuelta a ti misma 🤍