01/04/2019
Las matronas
Esas manos. Las manos de la mujer que me sostuvo durante mi parto. Las manos de la primera persona que tocó la cabecita de mi hija y la vio asomarse poquito a poco a este mundo.
Las manos que pusieron todo su corazón en cuanto hicieron aquel día: secar mi sudor, ofrecerme hidratación, valorar mi progresión, aliviar mi dolor, proteger mi periné...
Manos delicadas en sus movimientos, manos firmes para dar aliento, manos sigilosas para pasar desapercibida, manos amorosas para acompañar la vida.
Qué emocionante volver a ver a nuestra matrona que, para siempre, ocupará este lugar tan especial en la familia. Qué ilusión ser testigo de las miradas, cuatro meses después, entre ella y mi niña. Qué precioso recordar el parto y completar las piezas del puzzle desde el otro lado.
Qué profesión tan maravillosa tenéis, , qué importantes sois para las mujeres, para los bebés, para las familias. Qué diferencia tan grande entre emocionarse al recordar la belleza de un parto o derramar lágrimas amargas por un recuerdo traumático.
No sé dónde leí una vez o quién me contó algo así como que aquellas personas que están presentes en el nacimiento de un bebé crean un vínculo especial e irrompible con él.
No sé si esa teoría que recuerdo a medias será cierta, pero lo que sí sé es que cuando le contemos a nuestra hija cómo fue su llegada a este mundo... en el relato y en su álbum de fotos no faltará ELLA.
Gracias, Naza, por grabarte en nuestros corazones de esta forma tan bella.
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