28/12/2025
Hoy he salido a correr en 🇬🇧.
Estábamos a 2 grados, sensación térmica -4 y ni un rayito de sol, un nubarrón amenazando con descargar.
La noche anterior regular, con la peque a la teta.
¿Me apetecía salir? Nada de nada. Sin embargo, tenía que salir. Llevaba unos días de mucho comer, mucho descansar, lo que no está mal, pero un sedentarismo al que no estoy acostumbrada.
Y madre mía, cuando he vuelto, era otra. Una mujer nueva, feliz, con la batería recargada y la mente despejada. He ido escuchando un podcast que me encanta sobre crímenes reales (sí, soy un poco friki) llamado . Es un truquillo que tengo para evitar al 100% evadirme en mis pensamientos mientras corro, porque con la música sí que me pasaba. Pero escuchando a alguien hablar, teniendo que estar atenta a pistas y detalles, se pasa el tiempo volando.
En serio, tenéis que probarlo. El salir a correr o andar o hacer algo, en ese momento en el que se puede, pero no se quiere, cuando menos ganas hay. Porque no solo te dará subidón por el ejercicio en sí, sino por las narices y la fuerza que le has echado.
Y eso es lo que cuenta.
Forzarse un poquito, sembrar para recoger. Todo está en la cabeza. Todo.