14/01/2025
Cuando nacieron nuestros dos hijos no sabíamos que su audición caería antes de que terminaran la primaria. Los dos niños llevaban audífonos a los 2 años y medio y les iban muy bien. Fue desgarrador ver cómo sus puntuaciones en comprensión verbal disminuían progresivamente durante los años siguientes. Al final, nos dimos cuenta de que los audífonos ya no eran suficientes.
Mientras acudíamos a las citas de preimplante, mi marido y yo pasamos horas informándonos sobre los implantes cocleares. Nos impresionó las posibilidades de actualización de los procesadores de AB sin necesidad de tocar el implante interno. Queríamos una compañía que se preocupara por las personas y tuviera una cultura abierta. AB tenía, y sigue teniendo, una tecnología asombrosa y un historial de productos con logros demostrables que la respaldan. Además, era fundamental para nosotros que AB fuera financieramente sólida, ya que era importante saber que el fabricante existiría y seguiría evolucionando para apoyar a nuestros hijos durante toda su vida.
Durante todo el proceso, AB hizo un gran trabajo empatizando con nosotros. Después de convertirnos en un hogar AB, también aprendimos que la casa tiene una excelente comunicación con respecto al producto/tecnología y la atención al cliente.
Mirando atrás, los cambios se notan en muchos aspectos de nuestras vidas. Por ejemplo, podemos llamar a nuestros hijos, incluso cuando están en el piso de arriba. Podemos mantener conversaciones usando solo el lenguaje oral, que es lo que ellos prefieren. Desde el principio, pudimos abordar los temas de seguridad utilizando el procesador con la batería sumergible. Fue un cambio radical poder llamarles en la piscina y en la playa. En el colegio, estaban plenamente integrados y ambos terminaron el instituto con buenas notas. A los chicos también les encantan las actualizaciones más recientes de la conectividad Bluetooth, que les permite escuchar música, ver películas y mucho más, algo fundamental para los adolescentes y los adultos jóvenes. Lo que nunca deja de sorprenderme es que si no se ven los procesadores en las orejas de mis hijos, nadie sabría que son sordos.
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