15/12/2025
El cuerpo funciona por adaptación continua. No mantiene sus capacidades de forma automática, sino que las ajusta según la calidad, la dosificación y la regulación del estímulo que recibe. La conciencia corporal no actúa directamente sobre los tejidos, pero sí regula cómo se estimula una función y, por tanto, condiciona su mantenimiento o deterioro.
Cuando una zona recibe poco estímulo, o un estímulo mal ajustado, la función se empobrece progresivamente: disminuye la calidad de la señal nerviosa, se altera la circulación y cambian las propiedades mecánicas de músculos, fascias y articulaciones. En otros casos, el cuerpo sostiene compensaciones frente a lesiones o inestabilidades no resueltas; mientras el margen adaptativo lo permite, no hay síntomas claros, pero al superarse ese umbral el deterioro aparece de forma intensa. No es algo súbito, sino acumulativo.
La conciencia corporal es clave como capacidad de percepción y regulación. Permite detectar fatiga, sobrecarga o falta de estímulo y ajustar acción y descanso. Además, no basta con actuar desde la conciencia: es esencial poner conciencia en el acto. El movimiento atendido afina la señal nerviosa, mejora el control motor, optimiza el reclutamiento muscular y reduce compensaciones, favoreciendo una funcionalidad más eficiente y sostenible en el tiempo.
Con Amor 💗
Luna