16/04/2026
“La madre representa la vida y el padre representa el mundo”.
— Bert Hellinger
En lo más íntimo del corazón, un hijo ama a su madre y a su padre con la misma intensidad.
Sin embargo, el vínculo entre el padre y el hijo suele llegar a través de la madre. Ella es el puente que facilita ese encuentro. Cuando la madre da permiso interno al padre, abre el camino para que la conexión entre él y el hijo pueda darse plenamente.
Comprender la función del padre es esencial: él nos orienta hacia el mundo exterior, hacia lo concreto, lo práctico y lo material.
De él recibimos cualidades como la voluntad, la acción, los límites, la disciplina, la capacidad de decidir, la responsabilidad y el orden.
La energía paterna impulsa el estudio, la profesión, el trabajo y el éxito en nuestros proyectos. También nos ayuda a sentirnos merecedores del reconocimiento externo.
Por eso, cuando nos cuesta avanzar profesionalmente, cuando dudamos de nuestro valor o sentimos poca fuerza para sostener nuestros propósitos, es valioso mirar con honestidad cómo está nuestra relación interna con papá.
La fuerza para salir al mundo y realizar nuestros deseos proviene de nuestro linaje paterno.
Haya sido como haya sido nuestro padre —humano, imperfecto, con sus luces y sombras— es el único adecuado para nosotros, porque solo él pudo darnos la vida.
Nuestra tarea como adultos es poder aceptarlo tal como es y darle un lugar en nuestro corazón de hijos, más allá de la historia de pareja que tuvo con mamá.
Solo así podemos recibir su bendición: esa presencia protectora que nos impulsa a la vida y nos sostiene para caminar con firmeza y convicción.
“Mamá, yo también necesito a mi papá. Lo que viene de él también es bueno para mí”.