19/10/2021
LA MÚSICA COMO CONSUELO:
-DE RAMÓN ANDRÉS-
Tratar de recordar la música, custodiarla en la mente a fin de salvaguardarla del olvido, fue un modo de enraizarse al pasado, de vivir en él. Su etimología, que procede del griego mousikḗ, explica este memorar, porque las Musas, en cuanto que hijas de Mnemósine, la personificación de la Memoria, propiciarán el recuerdo y llevarán a concebir esta ciencia, este arte, como una continua evocación. Ellas revelarán que hubo una música anterior a lo que somos, inclinados por nuestra tendencia a olvidar lo que poseímos. Si la música permite esta visita a lo que de originario hay en nosotros se debe a que su unidad temporal refleja la unidad que fuimos.
Ciertamente, una de las facultades mayores de la música —acaso la más importante—es la de prestar consuelo, que los griegos refirieron con los términos de euthymeín, que significa ‘aliviar el ánimo’, y parathálpō, que vendría a expresar eso que con tanta frecuencia nos es necesario: ‘recibir aliento’. Un alentar. A lo que ellos llamaron paramýthion, los latinos lo denominaron consolatio.
Escuchar la naturaleza remite instintivamente a cuanto fuimos (...) No es fortuito que en las mitologías y en los escritos sagrados de las religiones inaugurales el sonido adquiriera el valor de la profecía. Las sonoridades lejanas legitimaban el lugar donde la vibración alcanzaba un significado. Una buena parte del mundo originario se gestó en la audición.
La música es una manera de pensar el aire, un modo de aprender la vibración que la atmósfera deja en el oído.
En el alba de la humanidad empezó a generarse un doble estrato en la percepción de lo real: el influido por el sonido y el que venía determinado por la visión. En un primer momento, todavía en la vigilia de la mente, afloró un lenguaje no verbal, un estadio pre-lingüístico y, por decirlo de algún modo, musical. Esto significa que, mientras la especie iba de camino al habla, habían emergido unas fonaciones articuladas de forma peculiar, puras imitaciones de lo acontecido en la naturaleza, emulaciones de sus elementos, repeticiones del canto de las aves y el rugido de las fieras, todo ello asimilado de modo espontáneo como un improvisado sistema de comunicación.
Una melodía cubre tanto como la tierra. Nos distrae, invoca no sabemos qué, hace que miremos hacia arriba mientras lo abominable sucede abajo, a oscuras. Este apartar la vista y fijarla en lo alto consuela. La música construye altura, fabrica un por encima; en ella suena un estar a salvo.
(De "Filosofía y consuelo de la música", extractos pgs. 15-23, Ed. Acantilado, Premio Nacional de Ensayo 2021)
-Carátula del libro en acantilado.es-