13/04/2026
La vivencia de este pasado sábado fue difícil de resumir, os confieso. En un lugar tan especial como el Museo Taller Textil de Triste. El encuentro fue organizado por la Fundación CAL (.cal_22) dentro de sus objetivos para la recuperación de labores y de cultura rural de la zona de Aragón.
Este lugar no es solo un museo. Nace de la vida y la dedicación de Marie Noëlle Vacher, teñidora experta, y Pepe Granados, su marido, quien construía y cuidaba los telares. Desde 1982 hicieron de Triste su hogar y su taller, investigando, rescatando y dando forma a técnicas de teñido que hoy siguen vivas gracias a su constancia e investigación por lo olvidado. Detrás del taller tenían su jardín botánico —pensado para controlar cada proceso del tinte— que delata esa manera de hacer: consciente y profundamente conectada con la tierra.
Durante el taller, entre baños de color y manos que aprenden, hubo también espacio para algo más íntimo. Gracias a Montserrat Vicente —y a esa sinergia tan bonita que surgió entre nosotras— me animó a adentrarme en la cocina de Marie y dar parte del taller en su interior. Llevaba tiempo en desuso, pero al cruzar ese umbral todo cambió. Trabajar allí, aunque fuera por un momento, tuvo mucho de gesto simbólico.
Enseñar desde ese lugar, honrando a quienes estuvieron antes, me atravesó más de lo que esperaba.
Vuelvo de este encuentro algo más sensible. Más consciente de la suerte que es coincidir con personas que sienten así su trabajo. Que recuerdan, valoran y sostienen.
¡Pronto os cuento mis próximos proyectos!
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