04/03/2026
La sociedad lo llama “consumirse”, pero en realidad es hambre del alma.
Cuando una mujer pasa demasiado tiempo volcada hacia fuera, poco a poco empieza a sentirse menos capaz de avanzar por la vida. Deja de tirar del arnés que elegiría para sí misma y empieza a colgarse del que le han impuesto.
Llega a estar tan cansada y aturdida que, aun teniendo cerca la ayuda que necesita, no logra reconocerla.
En ese punto algo se transforma por dentro: se apaga, se vuelve más irritable, más exigente y, al mismo tiempo, más dispersa.
Su vela continúa encendida… pero cada vez es más corta.
A esto se le suele llamar “consumirse”.
Pero va mucho más allá del cansancio.
Es una profunda hambre del alma.
Y cuando se llega ahí, ya no hay lugar para seguir mirando hacia otro lado.
La mujer lo siente con claridad.
No es un “quizás”.
No es “tal vez”.
Necesita recuperarse a sí misma. ¿Tiene sentido para tí?