07/01/2026
Vivimos en la era de la sobreinformación, pero paradójicamente también en la era del engaño más burdo. Todo está a la vista, y aun así parece que se nos pide que aplaudamos el espectáculo como si no lo notáramos.
Cuando observo lo que ocurre no puedo evitar pensar que estamos atrapados en una versión política de The Truman Show.
Para quien no la recuerde: El Show de Truman trata de un hombre cuya vida entera es un montaje. Todo lo que ve, ama y teme está cuidadosamente diseñado para mantenerlo dentro de una realidad falsa. Truman es el único que no sabe que vive dentro de un show… hasta que empieza a notar que algo no encaja.
Y eso es exactamente lo que está pasando ahora.
Discursos exagerados. Enemigos perfectamente construidos. Guiones repetidos. Escándalos cronometrados. Una narrativa tan teatral que parece escrita por guionistas, no por líderes.
El ruido constante nos mantiene emocionalmente reactivos y cognitivamente cansados. Cuando estamos saturados, dejamos de cuestionar.
Cuando todo es urgente, nada es profundo.
Y así, poco a poco, nos convierten en espectadores, no en ciudadanos.
Lo más inquietante no es el show en sí, sino la sensación de que nos toman por tontos. Como si no fuéramos capaces de reconocer los hilos, las cámaras, las luces del set. Como si no viéramos que muchas de estas escenas no buscan soluciones reales, sino atención, control y distracción.
Porque el verdadero acto de rebeldía es pensar con calma en medio del ruido.
Esto no es política.
Es espectáculo.
En la era de la sobreinformación
no nos falta información,
nos sobra ruido.
El ruido satura, distrae
y evita que pensemos.
Bienvenidos al
The Truman Show versión geopolítica.