19/12/2025
La vez que me di cuenta de que había logrado mucho… pero no era yo.
A veces llega un momento en la vida en el que te miras por dentro y no te reconoces… aunque desde fuera parezca que lo tienes todo.
El mío ocurrió aquí, en París. Una mañana cualquiera, caminando hacia el metro para ir a trabajar, con esa mezcla de prisa, cansancio y automatismo. Y de repente, una oleada de angustia en el pecho. Una tristeza silenciosa.
Era como si mi cuerpo me estuviera diciendo algo que yo llevaba tiempo ignorando.
Porque, en apariencia, había construido justo lo que soñaba: una relación estable, un trabajo, una vida en una ciudad preciosa. La mujer fuerte que consigue lo que se propone.
Pero dentro… algo no encajaba.
Lo que realmente dolía no era la vida que tenía. Era darme cuenta de que, para sostenerla, me había ido dejando a mí misma en último lugar. Como si, en el camino, hubiese empezado a perseguir un sueño que de repente parecía ajeno.
El primer paso fue pequeño pero radical: tomar una decisión sólo para mí. Me fui un fin de semana a un retiro, sola, aunque sentía culpa y vergüenza por “necesitar” parar.
Y fue ahí, en ese espacio, donde pude volver a sentirme. Volver a escucharme.
Desde entonces, tengo una cita conmigo cada día. Un momento de verdad y cuidado al que no puedo faltar.
Con el tiempo comprendí algo esencial:
✨ El precio de un sueño nunca debería ser perderte a ti misma.
✨ Y a veces lo que llamamos “sueño” es sólo un ideal cultural, un rol heredado, una expectativa que compramos sin darnos cuenta.
Hoy sigo en el camino, con más autenticidad que perfección. Y con la certeza de que la vida tiene otro sabor cuando avanzas alineada con quien realmente eres… no con quien crees que deberías ser. A veces no se trata de un cambio radical fuera, sino de un cambio interno.
Si lees esto y sientes un n**o en la garganta, si estás en ese lugar donde has construido mucho pero algo dentro pide verdad, calma o un regreso a ti…
No estás sola.
Te abrazo desde aquí, donde también me encontré. ✨