03/12/2025
Volver no siempre es fácil. Volver a la casa en la que se vivió el diagnóstico; en la que la maternidad se volvió un pasaje del terror por un tiempo.
Volver a los parques donde mi hijo claramente era diferente a tantos otros niños: en su manera de jugar con el equipamiento infantil, de evitar a los demás, de satisfacer sus necesidades sensoriales.
Volver a pasar por la guardería donde vivimos comprensión y también enjuiciamiento. Donde me empecé a sentir sola como madre.
Volver a ver desde lejos el colegio de primaria, donde por primera vez encontré a otras familias con hijos neurodivergentes, aunque estuviésemos aparte.
Volver a los supermercados donde alguna vez hubo alguna que otra “escenita”, calor en mi cara, y lágrimas en los ojos de mi hijo.
Volver a los espacios internos y externos donde comencé a habitar una experiencia de la maternidad para la que no estaba preparada, pero que me ha transformado como nada en mi vida.
Volver no siempre es fácil porque los lugares están llenos de memorias. Pero yo ya no soy esa madre. Y mi hijo ya no es ese niño.
Si eres nueva por esta cuenta o no sabes de qué hablo: mi familia multicultural (mi marido es británico) y yo nos mudamos de Glasgow a Washington DC en 2018 en busca de mejores apoyos para mi hijo autista Adrián, que entonces tenía 7 años y ahora tiene 15. Este verano regresamos Escocia después de siete años en EE.UU. El ajuste ha sido especialmente duro para mí y por eso tampoco he estado muy activa por aquí.
Pero ya va siendo hora de volver 😉 Gracias por seguir ahí y por tu apoyo 🙏🏼💫