03/01/2026
Siempre vale la pena detenerse
y evaluar con honestidad lo que el corazón aprendió.
Este año termina entre ruinas,
no para reconstruirlas, sino para recordar de dónde Dios me sacó
y confirmar hacia dónde me llamó.
Trabajar el carácter no es fácil,
pero es bíblico.
A Dios no le impresiona cuánto sabemos, sino cuánto de nosotros está verdaderamente rendido a Cristo.
No vine a las ruinas a levantarlas.
Vine a despedirme de escombros
que ya fueron procesados en mi alma.
El 2026 no será teoría religiosa.
Será vida en plenitud.
No conocimiento sin fruto,
sino el poder vivo de Su Palabra obrando en mí.
Que Él guarde mi corazón
y sostenga mi aliento,
como lo ha hecho hasta hoy.