08/02/2026
El proceso de curación
implica renunciar al anhelo de cercanía de los padres
para empezar a hacerse adulto.
No es dejar de amar.
Es dejar de esperar.
Esperar que vean.
Que reparen.
Que comprendan.
Que den ahora lo que no pudieron dar antes.
Mientras ese anhelo siga vivo,
el niño interno sigue al mando.
Y la vida adulta queda en pausa.
Sanar no es acercarse más al origen.
Es soltarse de él.
Aceptar que la cercanía que faltó
no se recupera mirando hacia atrás,
sino caminando hacia adelante.
El adulto no vive del anhelo.
Vive del permiso interno para existir
sin pedir más.
Cuando el deseo de ser sostenido por los padres se apaga,
aparece algo nuevo:
autonomía,
presencia,
fuerza propia.
Ahí empieza la verdadera adultez.
Y con ella, la curación.
Acude a psicoterapia