02/05/2026
Cuando un niño aprende a decir "estoy triste", "estoy enojado" o "tengo miedo", pasa algo mágico en su cerebro: la emoción baja de intensidad. Deja de estallar y empieza a procesarse.
Por eso, enseñarle a nombrar lo que siente no es consentirlo ni ponerle etiquetas. Es darle una de las herramientas más poderosas para la vida.
¿Qué palabra emocional le estás enseñando hoy a tu hijo?