11/12/2025
"No importa si como lechuga o garnachas, todo me inflama" le dije a mi gastro. Su respuesta cambió mi vida completamente.
Se reclinó en su silla. Me miró por encima de sus lentes.
"Señora Patricia, ¿y si le dijera que el problema no es lo que come, sino que su intestino está tan dañado que rechaza TODO?"
Me quedé helada.
¿Todo?
Llevaba 4 años eliminando alimentos. Primero el gluten. Luego lácteos. Después huevos, soya, maíz, nueces, tomates, cítricos, café, chocolate, picante, cebolla, ajo...
Mi lista de "prohibidos" era más larga que la de "permitidos".
Y aún así, vivía inflamada.
Esa mañana había desayunado mi "comida segura": arroz blanco con calabacita hervida.
A los 20 minutos, mi panza era un globo. Los gases me doblaban del dolor. Parecía embarazada de 6 meses.
Por eso estaba ahí, desesperada, en mi consulta número 15 con el gastroenterólogo.
"¿Cómo que rechaza todo?" pregunté.
Me explicó algo que ningún doctor me había dicho antes.
Después de años de inflamación crónica, la pared intestinal se vuelve hiperpermeable. Como un colador roto. Las partículas de comida sin digerir pasan al torrente sanguíneo.
El sistema inmune las detecta como invasores y ataca.
No importa si es lechuga orgánica o pizza. Para un intestino destruido, todo es veneno.
Salí del consultorio en shock.
Esa noche no pude dormir.
2:17 AM. Mi esposo roncaba. Yo estaba en la cocina, mirando el refrigerador.
No había nada que pudiera comer sin inflamarme.
Abrí mi diario de alimentos. 4 años documentando cada bocado, cada reacción.
Lunes: Pollo hervido - inflamación nivel 7/10
Martes: Puré de camote - inflamación nivel 8/10
Miércoles: Caldito de verduras - inflamación nivel 9/10
No había patrón. No había lógica.
Mi hija de 23 años me había dicho la semana anterior:
"Mamá, ya no vienes a las comidas familiares. No sales a restaurantes. Tu vida gira alrededor de comida que ni siquiera puedes disfrutar."
Tenía razón.
Me había vuelto prisionera de las dietas.
3:04 AM. Googlee "intestino hiperpermeable solución real"
Miles de resultados. Más dietas. Más restricciones. Protocolo GAPS, dieta SCD, protocolo autoinmune...
Todas decían lo mismo: elimina más alimentos.
3:42 AM. Cambié la búsqueda: "sanar intestino destruido sin dietas"
Un artículo del Instituto Nacional de Ciencias Médicas captó mi atención.
No hablaba de eliminar alimentos. Hablaba de eliminar lo que causaba el daño.
Según el estudio, en el 87% de casos de hiperpermeabilidad intestinal severa, existe una sobrepoblación masiva de bacteria E. coli patógena y hongos Candida.
Estos microorganismos producen toxinas que literalmente agujerean la pared intestinal.
Mientras vivan ahí, no importa qué comas. El daño continúa.
4:15 AM. Seguí leyendo.
El estudio mencionaba varios tratamientos. Antibióticos (que podían empeorar todo). Antifúngicos farmacéuticos (con efectos secundarios horribles).
Y al final, una nota sobre "fitoterapia antimicrobiana selectiva".
Guanábana.
Mi corazón se aceleró.
4:38 AM. Nueva búsqueda: "guanábana intestino permeable"
Encontré investigación del CINVESTAV. Las acetogeninas de la guanábana tienen una propiedad única: destruyen selectivamente E. coli patógena y Candida sin tocar las bacterias beneficiosas.
Pero lo más importante: también ayudan a sellar las uniones estrechas del intestino. Literalmente cierran los "agujeros".
5:20 AM. El sol comenzaba a salir.
Por primera vez en años, no estaba leyendo sobre qué eliminar.
Estaba leyendo sobre qué sanar.
Esa misma semana conseguí extracto de guanábana líquido. Puro, concentrado.
2 gotitas en agua cada mañana.
No cambié mi dieta. Seguí con mis 5 alimentos "seguros".
Día 3: Los gases disminuyeron. Sutil, pero lo noté.
Día 7: Comí medio plátano. Esperé la explosión. Mi panza se inflamó, pero solo un poco. Nivel 4/10 en vez de 9/10.
Día 14: Agregué pollo con limón. Mi estómago protestó, pero no fue la agonía usual.
Día 21: El momento de la verdad. Comí ensalada. Lechuga, pepino, jitomate.
Esperé.
Una hora. Dos horas.
Inflamación mínima. Sin dolor.
Lloré.
Día 30: Fui a desayunar con mi hija. A un restaurante. Pedí chilaquiles verdes.
"¿Mamá, estás segura?"
No estaba segura. Pero estaba cansada de vivir con miedo.
Los comí despacio. Saboreando cada bocado.
Sin dolor. Sin emergencia. Sin globo.
Mi hija también lloró.
Día 60: Mi diario de alimentos ahora era diferente.
Lunes: Tacos de canasta - ¡SIN INFLAMACIÓN!
Martes: Sopa de tortilla - Panza feliz
Miércoles: Ensalada César - Todo bien
Día 90: Fui con mi gastroenterólogo a mostrarle los resultados.
"¿Qué dieta siguió?" preguntó.
"Ninguna. Dejé de eliminar y empecé a sanar."
Me pidió que le explicara todo. Tomó notas.
Han pasado 10 meses.
Como de todo. TODO.
Pizza con mi familia. Mole en las fiestas. Helado con mi nieta.
No vivo inflamada. No parezco embarazada. No necesito ropa "de emergencia" dos tallas más grandes.
Recuperé mi vida.
¿Saben qué es lo más triste?
Millones viven como yo viví.
Con listas interminables de alimentos prohibidos.
Gastando fortunas en pruebas de intolerancias.
Eliminando más y más comidas.
Viviendo con miedo a comer.
Y nadie les dice que el problema no es la comida.
Es un intestino tan dañado que rechaza hasta el agua.
Y que eliminar más alimentos no es la solución. Es prolongar la agonía.
La solución es eliminar lo que causa el daño. Los patógenos. Los hongos. Las toxinas.
Sanar las paredes. Cerrar los agujeros. Recuperar la función.
El extracto de guanábana hace exactamente eso.
No es una dieta más. Es lo opuesto a una dieta.
Es darle a tu intestino lo que necesita para volver a aceptar comida normal.
Para volver a digerir. Absorber. Funcionar.
Escribo esto a las 2 AM porque no puedo dormir pensando en toda la gente que sufre.
Gente con biblias de alimentos prohibidos.
Gente que no puede comer con su familia.
Gente que vive con terror a la comida.
Si eres tú, si tu vida es una dieta imposible tras otra...
Por favor, considera que tal vez has estado atacando el problema equivocado.
No necesitas eliminar más alimentos.
Necesitas eliminar lo que destruye tu intestino.
No necesitas otra dieta restrictiva.
Necesitas sanar para poder comer.
Yo lo logré después de 4 años de in****no dietético.
4 años eliminando todo y empeorando.
Bastaron 2 gotitas diarias de algo que mi abuela conocía.
Para cerrar los agujeros.
Para matar los invasores.
Para volver a comer como humana.
Tu intestino puede sanar.
Tu puedes volver a comer sin miedo.
Solo necesitas atacar la verdadera causa.
No la comida. Los patógenos.
La guanábana sabe cómo hacerlo.
Tu cuerpo sabe cómo sanar.
Solo dale la herramienta correcta.
Como yo hice hace 10 meses.
Cuando dejé de eliminar y empecé a sanar.
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