27/04/2026
PARA LOS QUE OLVIDARON
EL CAMINO DE REGRESO:
* Un llamado sin nombre, para una noche sin reloj:
Mitákuye Oyás’in.
Antes de que hubiera calendarios,
ya existía el círculo.
Antes de que hubiera apellidos,
ya éramos parientes.
Del fuego. Del agua. Del aliento
que nos presta la Madre.
Hay días en que el cuerpo pesa
más que la carne.
Cargas nombres que no son tuyos.
Cargas deudas que no pediste.
Cargas mu***os que no enterraste
porque los traes en la espalda.
Y te miras al espejo y no reconoces
al que te mira.
Porque llevas meses, tal vez años,
viviendo afuera de ti.
La tierra lo sabe.
Te ve pasar corriendo, con el corazón en modo avión. Te ve comprando cosas para tapar agujeros del alma. Te ve hablando de “sanar” mientras sigues huyendo de tu sombra.
Y la tierra, paciente como abuela, no te juzga. Solo espera. Porque sabe que todo hijo, tarde o temprano, necesita volver al vientre.
Hay lugares que no están en el mapa.
Son lugares antiguos.
Donde la piedra recuerda.
Donde el agua canta cuando toca lo caliente.
Donde el aire se vuelve espeso y te obliga a soltar el personaje.
Donde la oscuridad no da miedo, porque es la misma oscuridad de antes de nacer.
Ahí no se va a “aprender”.
Ahí se va a recordar.
Recordar que no eres tu trabajo.
Que no eres tus likes.
Que no eres esa historia triste que cuentas en las fiestas.
Eres hijo del humo. Eres hija del río.
Eres el que vino a sentir, a romperse, a cantar aunque desafines.
Wóiyeksuye!! le llaman los abuelos: el acto de recordar.
Y para recordar, primero
hay que morir un poco.
Morir al ruido.
Morir al control.
Morir a la máscara de “yo estoy bien” que ya se te pegó a la cara.
Porque solo cuando la máscara suda, se despega. Solo cuando el pecho quema, el corazón habla. Solo cuando cierras los ojos en la noche del mundo, se abre el *Cante Ishta*, el ojo del corazón.
No te voy a prometer visiones.
No te voy a prometer respuestas.
La medicina no negocia.
Te va a dar lo que necesitas, no lo que quieres.
Tal vez te dé llanto.
Tal vez te dé risa. Tal vez te dé silencio.
Y el silencio, hermano, es el maestro más sabio de todos. Porque ahí no te puedes esconder ni detrás de tus diplomas.
Por eso nos juntamos.
No para “hacer un ritual”.
Para volver a ser tribu.
Para sudar juntos lo que solos no pudimos llorar. Para cantarle a los abuelos de piedra hasta que el cuerpo recuerde que es tierra.
Para salir gateando si es necesario, pero salir nuevos. Con la piel lavada. Con el nombre limpio. Con el círculo cerrado. Si al leer esto algo se te movió en el estómago,
si sentiste un calor raro en el pecho,
si te dieron ganas de apagar todo y solo respirar... Ya estás escuchando el llamado.
No traigas expectativas. Estorban.
No traigas tu currículum espiritual.
No lo vamos a leer.
Trae solo tu humanidad.
Rota, confundida, sagrada.
Trae tu sed.
El agua ya está cantando.
El fuego ya está rezando.
La Madre ya abrió la puerta.
Nos vemos en el vientre.
Donde todo empieza.
Donde todo se perdona.
Mitákuye Oyás’in.
Aún eres parte del círculo.
Especialmente ahora.
>>> Traer: Fruta o algo saludable para compartir, agua, cambio de ropa para entrar al Temazcal y pañuelo para las secreciones nasales.
• Estamos por toda la tecnológico a altura de la policía federal, Col Revolución.
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