05/05/2026
El duelo que no aparece en los manuales de RRHH
Cierras la puerta del negocio. O entregas tu placa después de décadas. Y al día siguiente… el silencio pesa.
No es pereza. No es “quejarse por quejarse”.
Es un duelo invisible.
Casi 40 años de horarios, de resolver, de ser “el que sabe”, de tener un lugar al cual ir. De pronto, esa columna vertebral se desvanece. Y con ella, la sensación de utilidad, el contacto diario, la rutina que sin saberlo sostenía tus días.
Vivimos en una cultura que aplaude el esfuerzo, pero no nos enseña a soltarlo con dignidad. Y si ahora vivimos más años… ¿quién se va a encargar de recordarnos que seguimos valiendo? Que nuestra voz importa. Que nuestra experiencia no es un archivo viejo, sino un mapa que otros necesitan leer.
No estás solo/a en esto. Y no es egoísta pedir acompañamiento.
El valor no se jubila. Solo cambia de forma
¿Has vivido esta transición? ¿O has acompañado a alguien que la atraviesa? Cuéntalo aquí abajo. Sin filtros, sin prisa. A veces, nombrar el vacío es el primer paso para llenarlo de otro modo.
Si este texto te resonó, compártelo con esa persona que hoy necesita leer: “Sigo valiendo, aunque ya no tenga credencial”.