27/01/2026
¡Oigan, déjenla vivir su dolor!
Entiendo que cuando alguien atraviesa un corazón roto, la recomendación de “ve a terapia” suele venir desde el cariño y la preocupación. Y sí, un corazón roto, duele mucho.
El problema es que para todo mandamos a las personas a terapia, como si cualquier dolor tuviera que corregirse de inmediato. Sin querer, seguimos reforzando la idea de que hay que luchar contra cualquier forma de malestar.
Las pérdidas, de forma natural, traen tristeza, vacío y muchos cambios: en la rutina, en los planes, en los vínculos. Es un proceso duro, pero eso no significa que al día siguiente de una ruptura sea obligatorio iniciar terapia.
A veces lo que más necesitamos es sentarnos con el dolor: llorar, hablar con alguien de confianza, descansar, darnos chance de sentirnos mal. Poco a poco, ir construyendo una nueva rutina, reconectar con lo que nos gusta o abrir espacio a cosas nuevas.
La terapia puede ser un espacio valioso de acompañamiento, sí.
Pero no es —ni tiene que ser— la solución para todo el malestar de la vida.