10/11/2025
La gratitud es un ejercicio de conciencia que trasciende las circunstancias. Cuando estás en posición de ayudar, agradece profundamente el poder ser tú quien sostiene y no quien necesita ser sostenido; es un recordatorio de la fortuna y la responsabilidad que implica tener las manos llenas. Cuando recibes ayuda, dirige tu gratitud no solo a la persona que te tiende la mano, sino también al universo por permitir que la encontraras, consciente de que muchos en tu lugar caminan solos. Y cuando nadie responde a tu llamado, cuando te encuentras luchando en completa soledad, agradece con el mismo fervor a aquellos que, incluso habiéndoselo pedido, no te ayudaron. Agradéceles no por su ausencia, sino por la lección que forjó en ti; la lección de que tenías la fuerza para intentarlo una y otra vez por ti mismo, descubriendo en la adversidad el temple que conduce a la auténtica autonomía.
Y si en algún momento sientes que no tienes nada que agradecer, que el propósito te elude, revisa dentro de ti porque ahí residen todas las respuestas. Mientras llegan, agradece por el simple y milagroso hecho de estar vivo, aprovecha la oportunidad de intentarlo otra vez, pues muchos que tenían lo que tanto deseas con "suerte" en la vida, no tuvieron ese privilegio.
Así, cierras el ciclo del aprendizaje; toda experiencia, ya sea de apoyo o de abandono, se convierte en un maestro. Y según sea el caso en que te encuentres, no dejes espacio a la arrogancia, sumisión o resentimiento, siempre, siempre... agradece.
Daniel AS Revé